Reseñas

Un breve instante en el abismo.

Said Soberanes

Al otro lado del blanco muro, una profunda raja oscura, un pliegue tectónico, abismo, un deseo oscuro, carne viva, lava herida, una hendidura coagulada, la sima o un refugio.

Jaime Soler Frost, Abismo sin sombra

¿Qué sucede cuando develamos la verdad poética? ¿Algo profundo del mundo es develado en nosotrxs gracias a la obra o es la obra quien gesta algo nuevo e inédito en el mundo? Al montar la obra de José Alberto Gallardo, Breve silbido desde el exilio, con estudiantes de 4° año de la carrera de teatro de la Facultad Popular de Bellas Artes, Adriana Rovira parece tener en mente la primera opción. Decir adiós a la vida es una verdad que está en el destino de todxs. (más…)

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Eso que retiembla en el centro. Pensamientos sobre Pandora. Taxonomía del mal. Colectivo Luna Llena.

Said Soberanes

pandora

Un blanco cuerpo emerge de la oscuridad, se planta en el centro del escenario y se funde con el negro piso donde se sostiene, haciéndole ver como un frío y doloroso árbol que surge de una tierra negra. Sobre su cabeza una roja raíz que designa al espacio como un limbo entre el origen y la realidad. El cuerpo erguido e incolumne que penetrantemente nos mira es el de una mujer – una potente Alba Nava que exhibe una cuidada técnica corporal. De fondo, Abril Cira experimenta con una repetidora de voz, acumulando sonoramente sentencias públicas sobre lo femenino; la primera parte del montaje remata con un spoken word sobre la maldad, y cómo se le impone a la idea de mujer su afinidad con lo siniestro. El doloroso árbol se tensa, se hiere de lo escuchado, pero no se rompe: Es Pandora siendo nombrada. (más…)

Amor vs Cotidiano o las ficciones para amarnos.

Por Victor Vieyra

Todo lo que es exacto, en cualquier proporción o nivel, es magia pura. Las matemáticas son una forma de magia, como lo es el clavo que entra derecho, o el cuello que abrocha sin dificultad, la carambola lograda, el tapón que embona, la llave que abre o que cierra.’’

Rodolfo Usigli

7:40 pm, hace frío, jueves en la capital michoacana, nos reunimos en Foro ‘’la Ceiba’’ para el estreno de Los amantes, dramaturgia de Aida Andrade, en la dirección Rafael Paz Camacho, producción Lenina Cuiriz, asistente de dirección Valentina Freire, actúan Ricardo Robles y Paulina Rosas. Esta es la tercera obra de la curaduría de policromía escénica que busca escenificar el trabajo de 5 dramaturgas mexicanas, bajo la cual trabaja actualmente Parasubidas Teatro.

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Casa de Muñecas

Por Gunnary Prado

El Colectivo Luna Llena presentó, bajo la dirección escénica de Alba Nava, el pasado 14 de febrero una versión escénica de Casa de Muñecas de Henryk Ibsen. Probablemente la obra más emblemática del teatro moderno en la región occidental y una de las primeras en presentar lo que los teóricos del drama han denominado “pieza” dramática. Una especie del género dramático que tiene como característica principal la no devastación del orden viejo y el restablecimiento un orden nuevo –como ocurre en la tragedia clásica. No obstante, el héroe (en este caso, la heroína) sí pasa por un proceso de anagnórisis (reconocimiento) de su circunstancia fatal y, en consecuencia, opta por cambiar su fortuna individual, aunque el escenario general de la circunstancia se conserve.

La historia de esta pieza gira en torno al matrimonio de Torvaldo y Nora Helmer. Su vida parece encaminarse a una versión perfecta de lo que puede ser: Torvaldo tiene un nuevo y prestigioso trabajo como director de un banco, lo cual los convierte en una familia influyente entre su comunidad. Pero Nora conserva un secreto que no debería ser fatídico ni para ella ni para su casa sino fuera por el empecinado sentido del honor de Torvaldo.  Cuando todo es revelado, la verdadera naturaleza del matrimonio Helmer también emerge. El conflicto de la pieza es que Nora no es más que otro objeto ornamental en ese juego que es la casita de muñecas “Helmer”. Probablemente, es el objeto más importante, pero objeto al fin y no tiene permitido tomar decisiones ni emprender resoluciones por genuinas que sean sus motivaciones.  Nora recapacita en su verdadera situación y decide romper con ella, emancipandose de su condición de objeto hacia la de una persona de decisiones autónomas. Como es de suponerse una revolución de este talante acarrea secuelas.

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Esto no es una reseña

Esta es una mala reseña.

No,

repito.

Esto no es una reseña

Por Gunnary Prado

Esta es una reflexión sobre las circunstancias en las que hacemos el teatro en los últimos días. Me refiero al desplazamiento a los márgenes, el clandestinaje, la ilegalidad y la precariedad de la práctica teatral en nuestra ciudad. Mi reflexión se suscitó a partir de dos eventos que bien pudiera pasar sin notoriedad, o no…. y, preferí que no. Pero me veo completamente restringida para dar fechas, nombres, detalles que pudieran comprometer a las personas que participaron de los eventos, así que estas serán dos historias incompletas (me disculpo de antemano, sé que ese chisme sería más interesante que mi boba reflexión), así que tendré que comentarlas en lo esencial.

Hace poco más de un mes tuve la oportunidad de estar de una flamante reunión donde participaban un grupo muy selecto y prestigioso de creadores de nuestra ciudad junto a influyentes promotores y funcionarios culturales. Las discusiones sobre el estado de cosas de la actividad cultural en Michoacán arrojaron un diagnóstico en el que todos más o menos podríamos coincidir. La parte terrible, por lo menos para mí, fue la certeza con la que se aseguró que el teatro en Morelia no existe.

Esa frase atravesó mi corazón de manera punzante.

Semanas después tuve la fortuna de acudir a la presentación de una obra de teatro que se presentaba en la recién inaugurada librería “La inundación” de la colonia Prados Verdes de nuestra ciudad (el nombre fue seleccionado porque la zona en la que está ubicada se inunda cada temporada de lluvia. Sabemos que en la pasada, el daño fue cuantioso). No es necesario extenderme mucho en lo singular de la presentación teatral en ese espacio, una casa habitación adaptada como librería y al fondo una de sus habitaciones se adaptó como “caja de teatro”, en el que cabíamos unas 12 o 15 personas a lo mucho.  A mí me atrajo la posibilidad de participar de una función de uno de los grupos más antiguos y conocidos de nuestra ciudad. Para beneplácito de todos, la obra presentada fue intensa, interesante, bastante bien interpretada que, al poco tiempo de iniciada, olvidamos casi por completo que estábamos en una reducida habitación, dejamos de ver la precariedad de los elementos escénicos, los problemas técnicos que el director tenía al reproducir los tracks musicales a vista de todos, en fin, dejamos de ver los márgenes de la escena para concentrarnos en el acontecimiento escénico.

Al salir de ahí me sentía llena de entusiasmo por lo que acababa de ver. No recapacitaba en el contexto tan anómalo de la presentación (por todo lo dicho, y además porque la función era por cooperación voluntaria y sólo sería por una ocasión) quería reseñar dicha obra, hacer un homenaje al actor, al director, al dramaturgo por el espléndido trabajo que nos ofrecían a pesar de no contar con las mejores condiciones, lo sentía como un acto heroico, un gesto de resistencia e insubordinación digno de contarse.

Por supuesto, como siempre lo hacemos los teatreros, estaba romantizando la precarización de las condiciones de trabajo, y de este caso en particular.  Pasados los días entré en contacto con el actor y para sorpresa mía se negó a darme una entrevista y al director tampoco le interesó hablar conmigo, ni lo que pudiera escribir al respecto. Más días después poco a poco vino a mí una visión mucho más triste del evento, pero igual de poderosa. Pensaba en aquella frase, el teatro en Morelia no existe.

Me daba cuenta de la doble codificación que había presenciado en la presentación de “la obra”, ella abordaba una historia de pobreza, criminalidad y muerte en una conocida unidad habitacional del Estado de México en los límites con la Ciudad de México, por otro lado, se presentaba bajo un nombre que no le corresponde (presumiblemente porque el grupo no tenían los derechos del autor, y fue esta la razón por la que se negaron a un entrevista en primer lugar), en un espacio que mucho tenía de clandestino.

Todo ello me arrojó a pensar que aquella frase siniestra tenía una dimensión verdadera: el teatro en Morelia no existe. Pero esto no significa que de facto no exista. Claro que sí existe, el teatro de Morelia es ese grupo de teatro y sus años de trabajo, yo cuando escribo sobre él y tú cuando me lees. Sin embargo, esta sentencia venenosa lo que expresa es que no tiene lugar en nuestra sociedad moreliana. Y esto sí se podría fundar de manera más o menos clara cuando reflexionamos sobre el hecho de que no contamos con infraestructura teatral adecuada para el teatro en la ciudad, los foros y teatro independientes son esfuerzos ciudadanos de adaptar espacios disímbolos que funcionan con muchas voluntades incondicionales (y que de otra manera no se sostendrían), sus temporadas teatrales son reducidas y los esfuerzos para llevar público a las funciones son extenuantes.

Yo no quiero volver a caer en la reflexión pueril de que es la economía basada en el sistema del mercado el que ha originado el estado actual de las cosas. Tampoco quiero provocar algún sentimiento de compasión, ni siquiera quiero hacer una reflexión esperanzadora de por dónde podrías empezar a modificar este contexto. Con mi no reseña quiero señalar lo obvio, que más allá de un círculo ligado al teatro por diversas razones (familia, colegas, compañeros de trabajo, intelectuales) la gente de teatro no tenemos un lugar simbólico en la ciudad y nuestro lugar geográfico es cada vez más marginal. Quiero hacer hincapié, no sin cierta incomodidad, en lo hábiles que somos la gente de teatro para levantarnos, andar y volver a fundar cuando hemos sido  desplazados, y sobre todo, quiero reprochar todos esos esfuerzos puestos en erigir proyectos en condiciones de precariedad.

En resumen, quiero hacer una catarsis al mejor estilo aristotélico: vaciar el sentimentalismo para funcionar en la ciudad como sujeto racional.

¿Y después?

Nada

Ya habrá otro día.

bye bye bird

Fotos: Ernesto Villava

P.d. Este año comienza con una de las tragedias más grandes en la historia de nuestro país, porque creo que las personas que murieron en ese incendio conservan su inocencia. Por esa razón, quiero dedicarles mi humilde reflexión…porque como a ellos, a todos nos orillan a que seamos huachicoleros de nuestros propios entornos.

 

Flotando en la inmensidad de la inseguridad.

Por Jorge Alberto Molina

Gravedad cero” es una obra dirigida por Jaime Noguerón Sánchez. En escena solo hay una actriz, Lucía Díaz, quien interpreta el papel de “Valentina” una niña de 13 años la cual tuvo que irse a vivir, junto a su hermano menor, con su abuela, después de que la madre de Valentina muriera golpeada por su pareja.

La escenografía es mínima, dos muros pintados que semejan un cuarto de madera y con hojas de periódico pegados en ellos, una silla, un foco que emite una luz amarillenta y una pantalla de tela son todos los elementos que la conforman. Algo que, aunque sencillo, es más que suficiente para contarnos la historia ya que agregar algo más podría distraer al espectador.

Cabe mencionar el uso de la pantalla de tela, esta bajaba en ciertos puntos de la trama para que la actriz, ayudada de una linterna que se colocaba en la cabeza, por medio de sombras nos contaba de otro modo la historia. Este artefacto llegó a llamar la atención de los espectadores, no por su uso, sino que las apariciones que tuvo posteriores a la primera, parecía que el mecanismo no iba a funcionar. La actriz Lucía Díaz, tomaba la pantalla de luz y se dirigía hacia abajo-izquierda del escenario, donde tenía que esperar que un mecanismo bajara una especie de soporte en el cual, ella podría colgar la pantalla y usarla. Este mecanismo, las siguientes veces hacía ruidos y se notaba que tenía problemas para bajar, lo cual generaba algo de expectación entre el público, pero por fortuna, lograba descender en el momento que era requerido.

Dicho esto, me parece un momento sumamente oportuno para hablar de la corporalidad de la actriz Lucía Díaz, quien mostró un manejo interesante de su físico sobre el escenario, pues en los momentos que tenía que mostrar la ausencia de la gravedad, lograba hacerlos de tal manera, con una fluidez y ligereza que de verdad hacía pensar que ella se había liberado del dominio de esta fuerza la cual rige nuestro mundo físico. Díaz lograba adquirir y transmitir la corporalidad de su personaje.

En cuanto a la técnica de las sombras, me pareció que su uso fue muy interesante y que la actriz sabe dominarlo muy bien. Las figuras proyectadas en la pantalla gozaban de un muy buen movimiento y que decir de cuando usaba sus manos en lugar de los recortes para proyectar formas, simplemente fue espectacular. Lo único que podría reprocharle a esta técnica es la perspectiva; no todos los espectadores quedaban directamente frente a la pantalla, permitiéndote ver como la actriz movía y trabajaba todo detrás de ese artilugio, además ¿qué pasaría con los espectadores que pudiera tener a los lados? ¿cómo resolverían para que todos pudiesen ver las sombras? Esta vez que se presentó en el foro “La Ceiba”, casi todos los asistentes nos sentamos al frente del escenario – aun así, no todos quedamos perfectamente enfrente de la pantalla –. ¿Qué pasará si esta obra se presenta en algún otro lugar? ¿Funcionará de la misma manera? o ¿esto puede llegar a romper la magia producida por la técnica del teatro de sombras, al ver a la actriz realizando dicha acción?

Algo que también me parece interesante resaltar es el tema que toca esta puesta en escena: la violencia y como escapar de ella. Recordemos que el personaje principal “Valentina” sufrió la muerte de su madre a manos de su pareja y por ende tiene que dejar su hogar para irse a vivir, junto a su hermano, a casa de su abuela en la que también reside su tío quien es un criminal. A la par de esto, Valentina quiere participar en una carrera, pues descubrió que le encanta correr y quiere ganar el primer premio. Sueño que pese a sus dificultades cumple pero que nos deja pensando mucho. Valentina corre porque eso la hace sentir bien, la abstrae de ese mundo en el que vive e inclusive menciona que “correrá por lo que no lo pudieron hacer a tiempo”.

No dudo que las intenciones de Jaime Noguerón sean buenas al plasmarnos esta idea de cómo sobre llevar situaciones como estas, pero, ¿será la correcta en el país en el que vivimos? ¿funcionará abordarla así en otras zonas de nuestra nación? México es un país que, lamentablemente, día tras día es azotado por la violencia causada por diferentes motivos (la mayoría sin razón) ¿lo adecuado es correr? ¿olvidarnos por momentos que esto está padeciendo nuestra nación? Personalmente no lo considero así, tampoco soy un participe de “combatir el fuego con fuego” pero no creo que correr y perdernos en lo imaginario sea forma de arreglar esto. Para un niño, tal vez sea lo correcto, pues ellos se han visto obligados a buscar una manera de sobrellevar las situaciones del mundo en el que viven. En cambio, para los adultos, considero que debemos de hacer lo necesario para construir un mundo mejor, en el que viviremos nosotros y posteriormente las generaciones venideras, para que estos no crean que la única manera de salir de sus problemas es, estando en gravedad cero.

Mala Muerte

Erandi de Jesús Rendón Morales

La representación de “Mala Muerte” de la dramaturga argentina, Sonia Daniel, presentada en Foro Eco, con la dirección de Juan Velasco de la compañía de teatro Contrapeso, escenografía, iluminación y música por Jesús Suarez, nos muestra momentos de reflexión e indignación en el pasar de la historia.

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Fotografía por Said Soberanes

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