Reflexiones sobre la escena michoacana

Amor vs Cotidiano o las ficciones para amarnos.

Por Victor Vieyra

Todo lo que es exacto, en cualquier proporción o nivel, es magia pura. Las matemáticas son una forma de magia, como lo es el clavo que entra derecho, o el cuello que abrocha sin dificultad, la carambola lograda, el tapón que embona, la llave que abre o que cierra.’’

Rodolfo Usigli

7:40 pm, hace frío, jueves en la capital michoacana, nos reunimos en Foro ‘’la Ceiba’’ para el estreno de Los amantes, dramaturgia de Aida Andrade, en la dirección Rafael Paz Camacho, producción Lenina Cuiriz, asistente de dirección Valentina Freire, actúan Ricardo Robles y Paulina Rosas. Esta es la tercera obra de la curaduría de policromía escénica que busca escenificar el trabajo de 5 dramaturgas mexicanas, bajo la cual trabaja actualmente Parasubidas Teatro.

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Escucha, identidad y representación: El discurso teatral en Morelia

Por Said Soberanes

El día 27 de marzo de 2019, en conmemoración por el día mundial del teatro, me invitaron a hablar sobre “Los discursos escénicos en Michoacán”, junto a Eva Sánchez Lara y Lucía Díaz. En una mesa rica en experiencias e información, de la que estoy muy agradecido, compartí el siguiente texto:

No es fácilmente debatible el concepto de discurso escénico, requiere darle tiempo a nombrar lo que de principio necesitó de la escena para ser nombrado. Es un proceso amplio que se aborda desde múltiples líneas reflexivas. Pero ¿por qué es importante reconocer un discurso escénico? ¿De qué nos sirve reconocer un discurso escénico? (más…)

Esto no es una reseña

Esta es una mala reseña.

No,

repito.

Esto no es una reseña

Por Gunnary Prado

Esta es una reflexión sobre las circunstancias en las que hacemos el teatro en los últimos días. Me refiero al desplazamiento a los márgenes, el clandestinaje, la ilegalidad y la precariedad de la práctica teatral en nuestra ciudad. Mi reflexión se suscitó a partir de dos eventos que bien pudiera pasar sin notoriedad, o no…. y, preferí que no. Pero me veo completamente restringida para dar fechas, nombres, detalles que pudieran comprometer a las personas que participaron de los eventos, así que estas serán dos historias incompletas (me disculpo de antemano, sé que ese chisme sería más interesante que mi boba reflexión), así que tendré que comentarlas en lo esencial.

Hace poco más de un mes tuve la oportunidad de estar de una flamante reunión donde participaban un grupo muy selecto y prestigioso de creadores de nuestra ciudad junto a influyentes promotores y funcionarios culturales. Las discusiones sobre el estado de cosas de la actividad cultural en Michoacán arrojaron un diagnóstico en el que todos más o menos podríamos coincidir. La parte terrible, por lo menos para mí, fue la certeza con la que se aseguró que el teatro en Morelia no existe.

Esa frase atravesó mi corazón de manera punzante.

Semanas después tuve la fortuna de acudir a la presentación de una obra de teatro que se presentaba en la recién inaugurada librería “La inundación” de la colonia Prados Verdes de nuestra ciudad (el nombre fue seleccionado porque la zona en la que está ubicada se inunda cada temporada de lluvia. Sabemos que en la pasada, el daño fue cuantioso). No es necesario extenderme mucho en lo singular de la presentación teatral en ese espacio, una casa habitación adaptada como librería y al fondo una de sus habitaciones se adaptó como “caja de teatro”, en el que cabíamos unas 12 o 15 personas a lo mucho.  A mí me atrajo la posibilidad de participar de una función de uno de los grupos más antiguos y conocidos de nuestra ciudad. Para beneplácito de todos, la obra presentada fue intensa, interesante, bastante bien interpretada que, al poco tiempo de iniciada, olvidamos casi por completo que estábamos en una reducida habitación, dejamos de ver la precariedad de los elementos escénicos, los problemas técnicos que el director tenía al reproducir los tracks musicales a vista de todos, en fin, dejamos de ver los márgenes de la escena para concentrarnos en el acontecimiento escénico.

Al salir de ahí me sentía llena de entusiasmo por lo que acababa de ver. No recapacitaba en el contexto tan anómalo de la presentación (por todo lo dicho, y además porque la función era por cooperación voluntaria y sólo sería por una ocasión) quería reseñar dicha obra, hacer un homenaje al actor, al director, al dramaturgo por el espléndido trabajo que nos ofrecían a pesar de no contar con las mejores condiciones, lo sentía como un acto heroico, un gesto de resistencia e insubordinación digno de contarse.

Por supuesto, como siempre lo hacemos los teatreros, estaba romantizando la precarización de las condiciones de trabajo, y de este caso en particular.  Pasados los días entré en contacto con el actor y para sorpresa mía se negó a darme una entrevista y al director tampoco le interesó hablar conmigo, ni lo que pudiera escribir al respecto. Más días después poco a poco vino a mí una visión mucho más triste del evento, pero igual de poderosa. Pensaba en aquella frase, el teatro en Morelia no existe.

Me daba cuenta de la doble codificación que había presenciado en la presentación de “la obra”, ella abordaba una historia de pobreza, criminalidad y muerte en una conocida unidad habitacional del Estado de México en los límites con la Ciudad de México, por otro lado, se presentaba bajo un nombre que no le corresponde (presumiblemente porque el grupo no tenían los derechos del autor, y fue esta la razón por la que se negaron a un entrevista en primer lugar), en un espacio que mucho tenía de clandestino.

Todo ello me arrojó a pensar que aquella frase siniestra tenía una dimensión verdadera: el teatro en Morelia no existe. Pero esto no significa que de facto no exista. Claro que sí existe, el teatro de Morelia es ese grupo de teatro y sus años de trabajo, yo cuando escribo sobre él y tú cuando me lees. Sin embargo, esta sentencia venenosa lo que expresa es que no tiene lugar en nuestra sociedad moreliana. Y esto sí se podría fundar de manera más o menos clara cuando reflexionamos sobre el hecho de que no contamos con infraestructura teatral adecuada para el teatro en la ciudad, los foros y teatro independientes son esfuerzos ciudadanos de adaptar espacios disímbolos que funcionan con muchas voluntades incondicionales (y que de otra manera no se sostendrían), sus temporadas teatrales son reducidas y los esfuerzos para llevar público a las funciones son extenuantes.

Yo no quiero volver a caer en la reflexión pueril de que es la economía basada en el sistema del mercado el que ha originado el estado actual de las cosas. Tampoco quiero provocar algún sentimiento de compasión, ni siquiera quiero hacer una reflexión esperanzadora de por dónde podrías empezar a modificar este contexto. Con mi no reseña quiero señalar lo obvio, que más allá de un círculo ligado al teatro por diversas razones (familia, colegas, compañeros de trabajo, intelectuales) la gente de teatro no tenemos un lugar simbólico en la ciudad y nuestro lugar geográfico es cada vez más marginal. Quiero hacer hincapié, no sin cierta incomodidad, en lo hábiles que somos la gente de teatro para levantarnos, andar y volver a fundar cuando hemos sido  desplazados, y sobre todo, quiero reprochar todos esos esfuerzos puestos en erigir proyectos en condiciones de precariedad.

En resumen, quiero hacer una catarsis al mejor estilo aristotélico: vaciar el sentimentalismo para funcionar en la ciudad como sujeto racional.

¿Y después?

Nada

Ya habrá otro día.

bye bye bird

Fotos: Ernesto Villava

P.d. Este año comienza con una de las tragedias más grandes en la historia de nuestro país, porque creo que las personas que murieron en ese incendio conservan su inocencia. Por esa razón, quiero dedicarles mi humilde reflexión…porque como a ellos, a todos nos orillan a que seamos huachicoleros de nuestros propios entornos.

 

Gestión de las artes escénicas como gestión del patrimonio: El testimonio del Medeamaterial

Por Gunnary Prado

Resumen

El siguiente texto es una reflexión derivada de la experiencia vivida durante los años 2014 al 2016 en la producción y difusión de la puesta en escena Medeamaterial, basada en el texto homónimo de Heiner Müller bajo la dirección escénica de Gunnary Prado. En la suma de los hechos de la producción de la obra, la realización de funciones por la región Centro-Occidente y el territorio michoacano surgieron algunas preguntas sobre el lugar del teatro en el orbe del patrimonio cultural, la gestión del teatro como patrimonio en oposición a la gestión del teatro en el mercado de las artes y finalmente la función del gestor y del artista en un proyecto artístico que es “una estrategia cultural”.

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Don Juan Tenorio en Michoacán

 

Por Gunnary Prado.

Este año es uno memorable para el Don Juan Tenorio de José Zorrilla en Michoacán. Varios hechos se cruzan para dar a esta emisión un carácter destacado. Uno de ellos ( y este orden no es precisamente por su relevancia) es que se cumplen 200 años del nacimiento de don José Zorrilla, poeta, narrador y dramaturgo que nacería en Valladolid en 1817 y moriría en Madrid en 1893; también se cumplen 40 años de que de manera ininterrumpida se celebre la escenificación en Michoacán de la que quizás sea la obra más famosa de este autor; finalmente, por primera vez, desde que se realizó esta obra (en esa ocasión dirigida por el Mtro. José Manuel Álvarez), la producción del Don Juan Tenorio de Michoacán no contó con el apoyo de las institución pública (o contó con él de manera mínima, ya llegaré a ese punto) y se ha realizado por el esfuerzo independiente de la comunidad teatral de Morelia.

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