Autor: gunnaryprado

Colaboradora con reseñas, crítica y reflexión en general. Responsable de Gestión de proyectos.

Visceral

Por Rogelio Hernández

El décimo quinto Festival de Monólogos de ‘Teatro a Una Sola Voz’ ha llegado a su fin este martes 6 de agosto en la ciudad de Morelia, presentando como obra de clausura Visceral, dramaturgia de Adrián Vázquez e interpretada por Nuria Alejandra Blanco.

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Una Justicia Necesaria (?)

Por Víctor R. Vieyra

Shake & Falstaff producciones se presentó el día 4 de agosto en el Teatro Ocampo de la ciudad de Morelia.

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La prietty guoman

Por Víctor R. Vieyra

“…¿Qué hacer para evitar esta rabia, aquí dentro?
Sólo protesto.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción
Mi vida es mi acción…”
– Angélica Liddell
Lesiones incompatibles con la vida

Sábado 3 de Agosto del 2019, continuando con las celebraciones del quinceavo Festival de Monólogos ‘Teatro una sola voz’, La Prietty Guoman se presentó esta noche en el Teatro Ocampo, entre risas, saludos, reencuentros y coincidencias. El público entra a la sala del Teatro, si bien en los días anteriores a este en el Festival el espacio estaba lleno o cuando menos la parte inferior del teatro, en esta ocasión nos encontrábamos con el Ocampo abarrotado, con la butaquería inferior a reventar, al igual que la superior e incluso en la parte más alta del teatro, donde se encuentra la cabina de luces, se encontraban llenos los lugares con espectadores alegres y deseosos por ver teatro. Entre las filas se reconoce al público que ha asistido fiel a todas las funciones y por mi mente ronda la misma pregunta que le hice a un colega en la primera función del Festival.

“-¿Cómo hacer para que siquiera la mitad del público que ha venido hoy vaya a cualquiera de nuestras funciones?”

Fotografía: Maritza Ríos / Secretaría de Cultura CDMX.   Fuente: https://www.flickr.com/photos/culturacdmx/42993851261

Este festival recoge lo mejor en monólogos a nivel nacional y este no sería la excepción. Al entrar al espacio, el teatro nos recibe de frente con un piano de cola, que mira directamente a los espectadores en el ala inferior izquierda del escenario, en el centro una estructura de madera que asemeja la mitad de un automóvil aparcado, mientras que en el ala inferior derecha vemos un banco, un espejo que cuelga y una peluca pelirroja, al dar la segunda llamada un cuerpo entrara en el espacio; vestida con una tela de colores claros estilo vintage y una pomposa peluca negra ‘la muda’ se sentará enfrente del piano y comenzará a tocar una leve melodía, que nos acompañará hasta la llegada de la ‘Prietty’ una mujer tan exuberante como carismática, entrará vestida en una bata negra con flores en los bordes y una palestina que le cubre la cabeza, también negra con flores, este vestuario sólo nos acompañará unos momentos, hasta que la conversación entra en calor y la ‘Prietty’ comienza a contarnos su historia.
La ‘Prietty’, una mujer trans tlaxcalteca de nacimiento (a veces dice que es cubana) que a partir de un soundtrack nos contará su vida, sobre su proceso de reconocimiento y transición en un México clasista, racista, homofóbico y transfóbico, pero que, a pesar de todo eso es un proceso que la llevará a posicionarse políticamente frente a una sociedad de estigmas ya determinados, a conocer el amor, y sobre todo a conocerse a sí misma. Tras una serie de eventos conocerá a ‘la Muda’ su mejor amiga y a ‘la Doroty’ el bar donde todas las noches ambas contarán su historia de amors.

La Prietty Guoman

LA PRIETTY GUOMAN – César Enríquez Cabaret – CDMX.   Foto: José Jorge Carreón Fuente: http://teatromexicano.com.mx/6494/la-priety-clausura-la-mnt/

El monólogo está plagado de escenas y situaciones de denuncia que develan el carácter misógino y cosificador de nuestro día a día, suelen ser tan sutiles como directas, como aquella escena en la que nos nombra (mientras baila al compás de la música) los lugares dentro del país donde son vendidas las mujeres mexicanas, o aquellas escenas de transfobia donde la ‘Prietty’ se encara con la dignidad de una reina para decirnos “levanta la cara mujel, que ser pasiva no es motivo de vergüenza”. La actuación de César  Enríquez (escritor, director e intérprete) es magistral, desplazándose en el espacio de manera tan orgánica y vivaz que sacude el teatro entero, provocando una ola inmensa de aplausos –bien merecidos- cada 5 minutos después de un pronunciamiento concreto de amor hacia uno mismo o de reflexión sobre la pelea del día a día de la comunidad LGBTTT.
Me parece sobre todo que la propuesta hecha por César Enríquez es sumamente valiosa dado el pronunciamiento corporal que propone, en una sociedad tan estigmatizada como la nuestra, donde el consumo de cuerpos está a la orden del día, así como la coartación de nuestra libertad de acción y pensamiento, es importantísimos entender nuestra posición en el mundo, no como un simple cuerpo-objeto que se ve atravesado por la macropolítica del país, resulta bastante agobiante pensarlo desde ahí, sin embargo estos cuerpos que no encuentran confort ni paz en los estereotipos y estigmas determinado lo que son; al proclamarse y revelarse ante los estándares se vuelven su propio vehículo de protesta, contra el sistema, contra la apatía y la ignorancia, contra la avasalladora ola de violencia de género que vivimos en el país. El cuerpo, nuestro cuerpo, nuestros cuerpos no son solo nuestros instrumentos, son nuestro territorio de protesta, nuestra propia celebración, el vehículo capaz de generar un cambio en el mundo que nos interesa, el propio.

La Prietty Guoman es fiesta y símbolo de la lucha constante, se presentó esta noche en la ciudad de la cantera rosa, permitiéndole a los espectadores encontrarse un diálogo sincero y ameno, que esperamos trascienda a algo más que un encuentro en el teatro.

En refrigeración

Por Gunnary Prado

El pasado 21 de julio acudimos pocas personas a la invitación que nos hizo el recién egresado de la licenciatura de teatro y joven director, Xosé Fabián, quien presentó un ejercicio escénico denominado ‘En refrigeración’, una intervención al texto Cámara de refrigeración de Sara Pinedo. Sin conocer el texto original quiero limitarme a lo que vi en la escena.

En refrigeración

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Casa de Muñecas

Por Gunnary Prado

El Colectivo Luna Llena presentó, bajo la dirección escénica de Alba Nava, el pasado 14 de febrero una versión escénica de Casa de Muñecas de Henryk Ibsen. Probablemente la obra más emblemática del teatro moderno en la región occidental y una de las primeras en presentar lo que los teóricos del drama han denominado “pieza” dramática. Una especie del género dramático que tiene como característica principal la no devastación del orden viejo y el restablecimiento un orden nuevo –como ocurre en la tragedia clásica. No obstante, el héroe (en este caso, la heroína) sí pasa por un proceso de anagnórisis (reconocimiento) de su circunstancia fatal y, en consecuencia, opta por cambiar su fortuna individual, aunque el escenario general de la circunstancia se conserve.

La historia de esta pieza gira en torno al matrimonio de Torvaldo y Nora Helmer. Su vida parece encaminarse a una versión perfecta de lo que puede ser: Torvaldo tiene un nuevo y prestigioso trabajo como director de un banco, lo cual los convierte en una familia influyente entre su comunidad. Pero Nora conserva un secreto que no debería ser fatídico ni para ella ni para su casa sino fuera por el empecinado sentido del honor de Torvaldo.  Cuando todo es revelado, la verdadera naturaleza del matrimonio Helmer también emerge. El conflicto de la pieza es que Nora no es más que otro objeto ornamental en ese juego que es la casita de muñecas “Helmer”. Probablemente, es el objeto más importante, pero objeto al fin y no tiene permitido tomar decisiones ni emprender resoluciones por genuinas que sean sus motivaciones.  Nora recapacita en su verdadera situación y decide romper con ella, emancipandose de su condición de objeto hacia la de una persona de decisiones autónomas. Como es de suponerse una revolución de este talante acarrea secuelas.

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Esto no es una reseña

Esta es una mala reseña.

No,

repito.

Esto no es una reseña

Por Gunnary Prado

Esta es una reflexión sobre las circunstancias en las que hacemos el teatro en los últimos días. Me refiero al desplazamiento a los márgenes, el clandestinaje, la ilegalidad y la precariedad de la práctica teatral en nuestra ciudad. Mi reflexión se suscitó a partir de dos eventos que bien pudiera pasar sin notoriedad, o no…. y, preferí que no. Pero me veo completamente restringida para dar fechas, nombres, detalles que pudieran comprometer a las personas que participaron de los eventos, así que estas serán dos historias incompletas (me disculpo de antemano, sé que ese chisme sería más interesante que mi boba reflexión), así que tendré que comentarlas en lo esencial.

Hace poco más de un mes tuve la oportunidad de estar de una flamante reunión donde participaban un grupo muy selecto y prestigioso de creadores de nuestra ciudad junto a influyentes promotores y funcionarios culturales. Las discusiones sobre el estado de cosas de la actividad cultural en Michoacán arrojaron un diagnóstico en el que todos más o menos podríamos coincidir. La parte terrible, por lo menos para mí, fue la certeza con la que se aseguró que el teatro en Morelia no existe.

Esa frase atravesó mi corazón de manera punzante.

Semanas después tuve la fortuna de acudir a la presentación de una obra de teatro que se presentaba en la recién inaugurada librería “La inundación” de la colonia Prados Verdes de nuestra ciudad (el nombre fue seleccionado porque la zona en la que está ubicada se inunda cada temporada de lluvia. Sabemos que en la pasada, el daño fue cuantioso). No es necesario extenderme mucho en lo singular de la presentación teatral en ese espacio, una casa habitación adaptada como librería y al fondo una de sus habitaciones se adaptó como “caja de teatro”, en el que cabíamos unas 12 o 15 personas a lo mucho.  A mí me atrajo la posibilidad de participar de una función de uno de los grupos más antiguos y conocidos de nuestra ciudad. Para beneplácito de todos, la obra presentada fue intensa, interesante, bastante bien interpretada que, al poco tiempo de iniciada, olvidamos casi por completo que estábamos en una reducida habitación, dejamos de ver la precariedad de los elementos escénicos, los problemas técnicos que el director tenía al reproducir los tracks musicales a vista de todos, en fin, dejamos de ver los márgenes de la escena para concentrarnos en el acontecimiento escénico.

Al salir de ahí me sentía llena de entusiasmo por lo que acababa de ver. No recapacitaba en el contexto tan anómalo de la presentación (por todo lo dicho, y además porque la función era por cooperación voluntaria y sólo sería por una ocasión) quería reseñar dicha obra, hacer un homenaje al actor, al director, al dramaturgo por el espléndido trabajo que nos ofrecían a pesar de no contar con las mejores condiciones, lo sentía como un acto heroico, un gesto de resistencia e insubordinación digno de contarse.

Por supuesto, como siempre lo hacemos los teatreros, estaba romantizando la precarización de las condiciones de trabajo, y de este caso en particular.  Pasados los días entré en contacto con el actor y para sorpresa mía se negó a darme una entrevista y al director tampoco le interesó hablar conmigo, ni lo que pudiera escribir al respecto. Más días después poco a poco vino a mí una visión mucho más triste del evento, pero igual de poderosa. Pensaba en aquella frase, el teatro en Morelia no existe.

Me daba cuenta de la doble codificación que había presenciado en la presentación de “la obra”, ella abordaba una historia de pobreza, criminalidad y muerte en una conocida unidad habitacional del Estado de México en los límites con la Ciudad de México, por otro lado, se presentaba bajo un nombre que no le corresponde (presumiblemente porque el grupo no tenían los derechos del autor, y fue esta la razón por la que se negaron a un entrevista en primer lugar), en un espacio que mucho tenía de clandestino.

Todo ello me arrojó a pensar que aquella frase siniestra tenía una dimensión verdadera: el teatro en Morelia no existe. Pero esto no significa que de facto no exista. Claro que sí existe, el teatro de Morelia es ese grupo de teatro y sus años de trabajo, yo cuando escribo sobre él y tú cuando me lees. Sin embargo, esta sentencia venenosa lo que expresa es que no tiene lugar en nuestra sociedad moreliana. Y esto sí se podría fundar de manera más o menos clara cuando reflexionamos sobre el hecho de que no contamos con infraestructura teatral adecuada para el teatro en la ciudad, los foros y teatro independientes son esfuerzos ciudadanos de adaptar espacios disímbolos que funcionan con muchas voluntades incondicionales (y que de otra manera no se sostendrían), sus temporadas teatrales son reducidas y los esfuerzos para llevar público a las funciones son extenuantes.

Yo no quiero volver a caer en la reflexión pueril de que es la economía basada en el sistema del mercado el que ha originado el estado actual de las cosas. Tampoco quiero provocar algún sentimiento de compasión, ni siquiera quiero hacer una reflexión esperanzadora de por dónde podrías empezar a modificar este contexto. Con mi no reseña quiero señalar lo obvio, que más allá de un círculo ligado al teatro por diversas razones (familia, colegas, compañeros de trabajo, intelectuales) la gente de teatro no tenemos un lugar simbólico en la ciudad y nuestro lugar geográfico es cada vez más marginal. Quiero hacer hincapié, no sin cierta incomodidad, en lo hábiles que somos la gente de teatro para levantarnos, andar y volver a fundar cuando hemos sido  desplazados, y sobre todo, quiero reprochar todos esos esfuerzos puestos en erigir proyectos en condiciones de precariedad.

En resumen, quiero hacer una catarsis al mejor estilo aristotélico: vaciar el sentimentalismo para funcionar en la ciudad como sujeto racional.

¿Y después?

Nada

Ya habrá otro día.

bye bye bird

Fotos: Ernesto Villava

P.d. Este año comienza con una de las tragedias más grandes en la historia de nuestro país, porque creo que las personas que murieron en ese incendio conservan su inocencia. Por esa razón, quiero dedicarles mi humilde reflexión…porque como a ellos, a todos nos orillan a que seamos huachicoleros de nuestros propios entornos.