Amor vs Cotidiano o las ficciones para amarnos.

Por Victor Vieyra

Todo lo que es exacto, en cualquier proporción o nivel, es magia pura. Las matemáticas son una forma de magia, como lo es el clavo que entra derecho, o el cuello que abrocha sin dificultad, la carambola lograda, el tapón que embona, la llave que abre o que cierra.’’

Rodolfo Usigli

7:40 pm, hace frío, jueves en la capital michoacana, nos reunimos en Foro ‘’la Ceiba’’ para el estreno de Los amantes, dramaturgia de Aida Andrade, en la dirección Rafael Paz Camacho, producción Lenina Cuiriz, asistente de dirección Valentina Freire, actúan Ricardo Robles y Paulina Rosas. Esta es la tercera obra de la curaduría de policromía escénica que busca escenificar el trabajo de 5 dramaturgas mexicanas, bajo la cual trabaja actualmente Parasubidas Teatro.

Faltando 20 minutos para entrar a la sala, un compañero y yo somos los primeros en llegar al foro, nos secundan algunas nubes grises, sucesivamente irán llegando los demás espectadores que oscilaran en edades de entre 21 a 35 años, este parece ser el público con el que dialoga la compañía, muy distinto al público que nos acompañó para ‘’L’ATE’’ de Manuel Barragan .

Al dar la primera llamada son las 7:55 o quizás las 8:00 pm, afuera del foro las gotas de lluvia comienzan a caer y parecieran arreciar cada 5 minutos, nosotros seguimos en recepción, para la segunda llamada pasamos al teatro, una pequeña caja negra con una butaqueria para alojar quizás unas 60 personas, dan aviso de que esperaremos unos minutos más con la esperanza de que el cielo nos conceda una tregua; las gotas retumban en las láminas del teatro como en un intento de desanimar al público, son entonces las 8:10 pm.

El Teatro está desnudo, con excepción de una tela blanca con bordados verdes y azules en forma de flechas que cuelga al fondo del mismo, medirá quizás unos 3.50 metros de altura, en la esquina inferior izquierda hay una gotera, como soundtrack covers de canciones famosas en inglés, después de 13 minutos dan tercera llamada.

Un cuerpo irrumpe la escena; mientras baja la luz, Ricardo Robles sale detrás de la tela con un banco en las manos, es acompañado segundos después por Paulina Rosas quien también lleva otro banco; después de situarlos, comienzan a habitar el espacio con una secuencia de movimientos bastante concreta y precisa mientras acomodan el resto de la utilería, en esta secuencia comenzamos a notar la relación de los personajes, los movimientos toscos y violentos dan cuenta dell conflicto: Una relación tóxica y rota. Una pareja fracturada que a partir de historias ficcionadas intentas solventar su relación, que a duras penas si respira, perdiéndose a ellos mismos y a su amor en su intento por no caer en el cotidiano.

La corporalidad de Ricardo es bastante anti orgánica, se nota su tensión corporal en la ejecución de acciones para acomodar el escenario, en comparación con Paulina que se mueve libremente en su departamento, sin embargo es evidente en ambos la necesidad de recuperar el tiempo perdido por la lluvia, hay errores en el texto. Las actuaciones se van volviendo más amenas y Ricardo se aleja lentamente de sí mismo permitiéndole la entrada al personaje, volviéndose más coherente en las ficciones presentadas, Paulina salta de una a otra ficción sin mayor problema.

Durante la obra hay bastantes reacomodos de escenografía, dos macetas que icónicamente podrían representar a los personajes bailan de un lado a otro del escenario, Rafael no intenta ocultar la vida en él, sino que la hace evidente a partir del dinamismo en el trazo y aunque breves, los momentos de encuentro y vulnerabilidad se vuelven maravillosos dado el trato delicado de las acciones en comparación con el resto de la obra, que tienden a ser largos y constantes.

El juego en el espacio y los planos es una herramienta importantísima en el montaje, de nuevo el director es eficaz en la ilustración de los abismos entre los personajes, evidentes en esas frases metafóricas ‘’ese que se parece al que ya no soy’’, ‘’Entre tantos amantes nos estamos diluyendo’’, situándolos encima de los bancos mientras discuten o saltando de ellos cuando se han dicho algo de lo que se arrepienten el discurso cobra sentido en las acciones, volviéndose la poesía de la que habla Usigli: “El Teatro no es poesía si no es acción en vez de dialogo; no es realidad si no es carácter en vez de símbolo…’’ (1949 Pag. 181).

Magia quizás sea la mejor palabra para hablar de esta obra, porque a pesar de los pormenores, nada pudo detener el encause, la lluvia que en un principio parecía enemigo al final se convirtió en acompañante, y las dos macetas que bailaron distanciadas terminaron juntas, en el último momento de encuentro donde el personaje de Ricardo armado de valor decide hacerse responsable emocionalmente de la situación y dar fin a esto, no de una manera tajante como a las que estamos acostumbrados en las relaciones de hoy en día, sino en un acto de ofrenda: acomodar todo bien junto, al lado de ella, para poder decir: Adiós y gracias.


 

Nota del editor: Esta es la primera crítica que publicamos como resultado del taller . Queremos compartir con ustedes los resultados del taller de crítica y reflexión teatral que impartió nuestro colaborador Said Soberanes, con el apoyo de Giras y Giros, en las instalaciones de la Secretaría de cultura de Morelia. El texto de Victor Vieyra, más cercano a la crónica literaria, sobre la obra de los Amantes de la compañía Parasubidas Teatro es el elegido para comenzar.

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