Estar – juntos. Crónica sobre mi participación en “La supervivencia de las luciérnagas”

Por Sayuri Navarro

Hace un año en Oaxaca, el 8 de marzo del 2017 en el marco del Día Internacional de la Mujer, Itandehui Méndez decidió llevar a cabo lo que ella llama un acto simbólico-poético: “La supervivencia de las luciérnagas”, como protesta en contra de la violencia y a favor de la afectividad. La acción consistía en convocar a la mayor cantidad de mujeres y juntas cerrar una vía peatonal, recostadas durante 20 minutos sobre el piso, en silencio y colocando un espejo en su pecho.

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Imaginar es el primer paso para crear una realidad posible, Itandehui imaginó que después de un año, el 8 de marzo del 2018 a las 18:30hrs. en todos los estados de la república, habría un grupo de mujeres que se reunirían para replicar aquella acción que ella y un montón de mujeres oaxaqueñas, habían llevado a cabo hacía un año.

¿Pero, cómo hacer para llegar a cada estado? Itandehui llamo a Sandra Muñoz y entre las dos, contactaron a las mujeres que conocían sobre esta geografía, para que a su vez ellas llamaran a más mujeres. Al final la acción se llevo a cabo en 13 sitios; Oaxaca, Querétaro, Campeche, Coahuila, Tamaulipas, San Luis Potosí, Jalisco, Veracruz, Nuevo León, Yucatán, Quintana Roo, Guadalajara y Tabasco.

La organización y el encuentro comenzaron con un grupo de WhatsApp que hasta la fecha sigue abierto, un espacio que reunía a mujeres que sin conocerse estaban dispuestas a convocar a más gente y llevar a cabo una acción que pudiera ir mas allá de la imaginación, más allá de la realidad cotidiana.

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Itandehui nos contó cómo había sido la experiencia en Oaxaca y nos contó también sobre el miedo que se siente a diario, con las noticias, las miradas y todas esas cosas que prefiero no mencionar pero que ya se han vuelto costumbre. Nos dijo que ella creía que si nos uníamos algo se podía hacer, algo se podía decir e incluso cambiar, quería “generar un diálogo en red” dónde además se nos descubriera juntas. Surgieron propuestas, preguntas y una sensación extraña como de confiar en la gente que, aunque habitando geografías distintas, daban la impresión de contener sentimientos y pensares muy parecidos.

8 de marzo: mensajes de suerte, emoción nerviosa ¿Y sí no llega nadie? ¿Y sino pasa nada? ¿Y sí pasa todo? Al inicio podría parecer una acción sencilla, pero romper la realidad, aunque sea por veinte minutos nunca es sencillo. Habíamos convocado gente y eso significaba responsabilidad, pero extrañamente la responsabilidad venía acompañada de una adrenalina que hacía que el cuerpo se moviera con más ganas, con un tipo de entusiasmo o esperanza, porque saber que existe la posibilidad de incidir en la realidad siempre produce esperanza.

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Pero la historia que mejor puedo contar empieza con una canción de Barbara Strozzi (Che si puo fare: https://youtu.be/aDBPfhG-gVk), que sonaba mientras estábamos recostadas sobre la Calzada de Guadalupe en San Luis Potosí, la afluencia fue poca, pero estuvimos ahí. Y por 20 minutos se interrumpió nuestro tiempo interno, por veinte minutos los espejos en nuestros pechos reflejaban el cielo y los árboles y fuimos mujeres cielo y mujeres naturaleza, tomadas de las manos, esperando que algo sucediera adentro o afuera de nosotras.

La gente pasaba, algunos nos miraban, otros no. Y mientras estaba ahí, con el cuerpo sobre la cantera de la calzada me preguntaba ¿Qué se necesita para que volteen? ¿Qué hay que hacer para detener el ritmo del mundo? Mientras estoy recostada en la calzada la palabra cuerpo se agita en mi cabeza y nunca como hoy me había producido escalofríos juntar la palabra mujer y la palabra cuerpo. Son palabras llenas de historia, unas manchadas de rojo, otras son historias multicolor que el rojo no quiere dejar ver. Mujer y cuerpo. Somos cuerpos. Estos son nuestros cuerpos. Nuestros.

Estoy en la orilla de este tejido de presencias. Mi cuerpo se divide en dos, por un lado, mi mano derecha; vacía, fría como este viento del desierto que nos acompaña desde que todo empezó. Mi mano derecha sueña con que alguien más se sume a la acción, se recueste a mi lado y llene el vacío, con un calor que no conozco pero que anhelo. Nadie lo hace, la gente sigue su camino, mirada al frente, yo también intento mirar al frente, pero lo que veo son las hojas de los árboles, se mueven con el cielo de fondo, mientras la música de Strozzi le da vueltas al vacío, vacío-ausencias, ausencias-dolor, dolor-miedo, desesperación-vacío.

Mientras mi mano derecha llora, mi mano izquierda toma de la mano a otra mujer, debes en cuando nos damos pequeños apretones como diciendo “aquí estoy, no te suelto”. En ese momento no importa si alguien mira o no, estamos aquí y esto es nuestro, este momento es por nosotras, por todas las que alcances a imaginar. La mano de Naye es como un abrigo que envuelve mi lado izquierdo, una certeza de que lo que importa es hacer, probar todo lo posible por mover algo de la realidad, no importa cuantas o quienes estamos aquí, porque por este momento nosotras somos todas. De pronto ya no pienso en el miedo, sino en eso de estar juntas, en la fuerza inasible que puede significar, estar juntas como algo que escape a la producción del miedo, algo que trastorne por un momento la maquinaria de este sistema.

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El tiempo continúa y nosotras despertamos como de un sueño, nos miramos por un momento y luego simplemente nos contamos lo que a cada quien le había sucedido, estas son algunas de las palabras que sonaron: “Para mi fue un homenaje a todas esas mujeres que dieron su vida para actos que hoy vemos tan reducidos, como lo es ir a votar, es una lucha que continúa, que no se ha ganado del todo.” “Fue una conexión que sentí con todos mis poros.” “Mi miedo si es no llegar un día a la casa.” “Siempre paso por la Calzada de Guadalupe y siempre me da muchísimo miedo, a cada rato estás volteando a ver si alguien te esta siguiendo, es el mismo lugar solo que ahora fue muy diferente, no sentí miedo, me sentía muy sensible pero sentí que tenía de alguna forma apoyo, me gusto mucho.” Alguien dijo una oración que sonó un poco a poesía y un poco a infinito, al final descubrimos que un petirrojo nos había acompañado y que de alguna manera el viento nos había sanado.

Nicolás Bourriaud sostiene que “El arte es la organización de presencia compartida entre objetos, imágenes y gente, un laboratorio de formas vivas que cualquiera puede apropiar. El arte es un estado de encuentro. La esencia de la práctica artística radicaría entonces en la invención de relaciones entre sujetos; cada obra de arte encarnaría la proposición de habitar un mundo en común, y el trabajo de cada artista, un haz de relaciones con el mundo que a su vez generaría otras relaciones, y así hasta el infinito.”

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Dos semanas después ¿que pienso de haber participado en “La supervivencia de las luciérnagas”? Que salimos a ensayar al mundo otras formas de habitar, otras formas de relacionarnos y de acompañarnos. Antes de que este espacio textual se me termine, quiero mencionar que los chicos del taller de teatro del Centro de las Artes fueron a presenciar la acción, estuvieron ahí todo el tiempo, al pendiente de nuestras pertenencias y de nosotras, estábamos todos ahí, más allá de ser hombres o mujeres, estábamos todos juntos.

San Luis Potosí, 22 de marzo de 2018

 

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