Morguelia

Por Gunnary Prado

Adaptación dramática del poemario heterodoxo Morguelia, escrito por Caliche Caroma.

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Fotos: Gustavo Medina Ambriz, Diego Lazher, Marina Mar y Sanchez-Reyna Ramón.

Desde la hermenéutica del Sipuesismo al corazón de Melchor Ocampo en formol en la biblioteca del Colegio de San Nicolás, pasando por la calzada Madero cerrada, el café en los portales, Ramón Martínez Ocaranza, Ramón Méndez Estrada, Prados Verdes, Mercado San Juan y el 2 x 1 de chela en el Jardín de las Rosas: Morguelia de Caliche Caroma es el mejor homenaje a esta ciudad, mejor aún, Morguelia es la ciudad haciendo homenaje a la palabra. Carlos Rojas, seudónimo del poeta moreliano, es caminante/pensante/silente de la palabra que hace de la morgue nuestra ciudad: depósito de cadáveres no-identificado. De ahí que Morguelia sea el destino de lo mortal ya muerto, de lo que está en descomposición, de lo que se pudre sin nombre (ni pena, ni gloria) para ser reconocido e inmediatamente después ser olvidado.

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Fotos de: Gustavo Medina Ambriz, Diego Lazher, Marina Mar y Sanchez-Reyna Ramón

Morguelia es una de las últimas publicaciones de la editorial Diablura en su colección “Santoinfierno”; a partir de ella la compañía de teatro Foro 4, dirigida por Sergio Camacho Cuevas, celebró el pasado 20 de marzo en el Teatro Ocampo una adaptación escénica, a la misma, acudí y comparto con ustedes algunas impresiones.

De entrada me gustaría enfatizar que la apuesta en escena de Foro 4 y de su director, Sergio Camacho, por Morguelia me pareció afortunada. Es grato saber que esta legendaria compañía teatral moreliana tiene importantes antecedentes en este tipo de experimentos, (como fue el caso con “Tú piel vuelve a mi boca”, puesta en escena basada en el libro de poesía Los ritos del obseso de Gaspar Aguilera) me refiero a la escenificación de materiales textuales no dramáticos. Casi me atrevería asegurar que hay en esta experimentación un camino poético que identifica el trabajo de Camacho y sus asociados.

Para el caso de Morguelia el director seleccionó sólo algunos de los “poemas” de la obra de Caliche Caroma y los colocó como cuadros cortos superpuestos en un escenario que representa de manera icónica la geografía de nuestra ciudad. Por ejemplo, en el escenario podemos observar una instalación de los arcos del nuestro emblemático acueducto, un puesto de tacos como uno cualquiera que encontramos sobre las calles de Bucareli, Francisco J. Múgica o Cuautla, un puesto de artesanías y chacharas de un mercado, entre otros. Este espacio de una Morelia latente es caótico y desinteresado en su perspectiva plástica. No se intenta recrear ningún espacio “real” en concreto, ni siquiera demarcar un adentro o afuera del espacio dramático. Es, en todo caso, un marco visual, donde todos estos elementos están presentes en una simultaneidad que asalta el escenario como un mitin de referencias a lo que “Morelia es…”.

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Fotos: Gustavo Medina Ambriz, Diego Lazher, Marina Mar y Sanchez-Reyna Ramón

Otro elemento excesivo fue la música: al igual que el espacio escénico saturado, la música estuvo todo el tiempo presente como transición entre cada cuadro y como música de fondo. Además del problema que significa esto, (ya que no tenemos silencios, ni espacios de relajación auditiva, convirtiendo la experiencia musical en una continuo monótono) en algún punto de la obra, el compositor Eduardo Solís intervino con una pieza al piano y otra acompañando al cantante Titov X. Hernández. Dado que no hubo silencio antes o después -además de que musicalmente hablando no dialogaban ambas selecciones musicales, me refiero al sountrack y la intervención musical en vivo- esta importante participación musical no tuvo suficiente impacto. A mi parecer es necesario enmendar la presencia musical de tal manera que la intervención de estos dos músicos tenga mayor énfasis. Hay que considerar que la musicalización de uno de los poemas que fue precisamente el que interpreto Titov es, desde mi punto de vista, el momento climático de la obra.

Lo mismo pasa con la iluminación y la proyección de vídeo (este último es también un elemento recurrente en las puestas en escena de Foro 4) desde mi opinión deben corregirse con rigor y claridad de qué se quiere lograr a través de estos lenguajes. Hay que recordar lo que en otro momento ha señalado en este espacio, Ramsés Figueroa, en relación a la escenografía y la iluminación en las producciones de Morelia: tal parece que adolecemos de su control y su conocimiento. Estoy plenamente consciente que en la mayoría de nosotros esto es real.

Las elecciones que ha hecho el director para identificar personajes que pudieran enunciar cada texto me parece el logro más afortunado de la propuesta. El poema es por su naturaleza una voz indeterminada o in-localizada en el texto ya que no podemos confundir al escritor con la voz del poema, digamos que el poema es una apertura acéfala que abre el mundo, sin embargo, en el teatro difícilmente podemos lograr la completa ausencia de un sujeto o un punto de vista. Por supuesto que estoy consciente que el teatro contemporáneo ha buscado neutralizar, asignificar, ocultar la personalidad del enunciador o al dramatis personae, no obstante, el cuerpo en escena es punto de referencia, obligadamente. Por lo que en Morguelia escénica creo que han sido buenas las selecciones para “personalizar” las voces que emiten los textos. Esto ha dado solidez al mundo ficcional-escénico que se erige sobre la obra literaria, aunado todo ello al gozoso trabajo que han hecho los actores. En su mayoría jóvenes –y algunos de ellos con poca experiencia- sin embargo, el entusiasmo, el compromiso y el carisma ha prevalecido, permitiéndonos encontrar ritmo, emoción, conexión, hilaridad en los distintos performance. Cabe destacar la participación actoral y musical de Titov Xavier Hernández Duarte, cantante de ópera de nuestra ciudad, quien realizó intervenciones memorables. Sin duda su presencia escénica, su voz, su clara comprensión de la ironía del texto de Caroma que recupera la puesta hicieron de su interpretación algo que recordaremos siempre.

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Fotos: Gustavo Medina Ambriz, Diego Lazher Marina Mar y Sánchez-Reyna Ramón

Al respecto de esta ironía me gustaría ahondar más. Tengo miedo de que al afirmar que la ironía verbal es el principal recurso literario de Morguelia lo esté reduciendo inoportunamente. Sin embargo, este mecanismo lo observamos en toda la extensión de la obra: el lenguaje desmintiendo su significado “verdadero” mediante la mezcla de humor y dolor. Siendo así, la puesta en escena de Camacho Cuevas y Foro 4 ha captado este espíritu y en consecuencia ha buscado su relieve en la puesta sin llegar a la ironía dramática. En todo caso, estamos ante algo que el teatro popular (como la carpa, los títeres, el cabaret) conoce muy bien, que es: el reconocimiento del mundo “tal y como es” y la superposición de nuestra interpretación. En otras palabras, para esconder el mundo (tras la mueca de la ironía) es porque sabemos ubicarlo. Al contrario de la estética del clasicismo que lo ensalza la referencia al mundo hasta su ideal; o el Modernismo que deforma hasta no poder ubicarlo más. Además, hay que sumar esta desconfianza de lo estético en la puesta en escena, el componente político (no propagandístico) que se trasmina desde el libro.

En la evaluación general yo me tiendo a sentirme complacida con lo que presenciamos. Fui testigo de que el propio autor también lo disfrutó, y que fue tomado por sorpresa en varios momentos, ya que me senté muy cerca de él. Las alianzas creativas como las que se suscitaron esa tarde en torno a Morguelia en su versión escénica son muy ventajosas para nuestra comunidad, porque fortalecen nuestro gremio, se impulsa la posibilidad de crear más y mejor, etc.  Si en mis manos estuviera, animaría más proyectos multidisciplinarios con la participación masiva de artistas de todos los sectores, tal y como Caliche, siempre provoca. Está ciudad o es de todos o no es de nadie: asaltémosla con los poemas/las escenas/la música/la gráfica al cinto.

Los participantes fueron:

Reparto:

Miguel Moreno, Alejandra Acho, Antonio Rangel, Gustavo Medina, Luis López y Titov Xavier Hernández.

Créditos,

Escenografía: Raquel Almaguer

Iluminación, música y vestuario: Compañía Foro 4

Música original y piano: Eduardo Solís Marín

Dirección general: Sergio Camacho.

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Fotos: Gustavo Medina Ambriz, Diego Lazher, Marina Mar y Sánchez-Reyna Ramón

Textos de Morguelia: “Delirio de persecución”, “Pesadilla en rosa”, “En la ruta del hoyo…”, “Josué”, “Rea”, “Prolegómenos al alba”, “Lípido”, “Las edades de la poesía”, “Ser joven y no ser revolucionario…”, “Allen fue al mercado”, “Siempre hay alguien más”, “Genuflexiones verbales”, “Quántum”, “Quimbaracumbara“, “Disposiciones preliminares”, “Fechas cultas”, “Nuevas herramientas”, “Después de una fotografía…”, “Fue un error haber nacido…”,  “Problema número trescientos treinta y tres”, “Del meme al gif pero sin tango”, “A la moda” y “Manifiesto Sipuesista”.

 

 

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