Cama para 4

Por Gunnary Prado

Me doy cuenta que soy un maldito cliché. Llego al teatro con mi papel de “crítica de teatro” solicitando mi cortesía para entrar a las funciones de las 6:00 pm. Como faltan más de 50 min para la función me dirijo al café. Busco en mi mochila una libreta y un lapicero para garabatear algunas ideas sobre lo que voy a ver…. (no, no es cierto, busco en mi celular las últimas publicaciones de facebook)…. Pero la libreta sí la tengo y sí escribo algo de vez en cuando.

El café me sobre estimula. Ahora estoy temblorosa y me siento ansiosa. Ya han dado la segunda llamada así es que me apresuro a entrar a la sala para presenciar una obra que lleva por nombre Cama para 4. A mi cabeza vienen muchas cosas con ese título, ninguna de ellas augura que lo que voy a ver me vaya a gustar. Pero he venido porque desde Sinestesia Escénica nos hemos propuesto ver todo. Porque el propósito de este proyecto de reseña y crítica es reseñar todo y criticar todo lo que hay en nuestra ciudad y ponerlo a dialogar con otras cosas que también hay.  Digo que soy un maldito cliché porque entro a la sala con mis prejuicios sobre lo que debe y no debe ser el teatro, con mi libro de Poesías de Stéphane Mallarmé en la mochila, con mis garabatos anticipados sobre lo que veré: seguramente esto será una comedia frívola cargada de lugares comunes y clichés en torno al sexo, la pareja, el amor, y un largo e t c é t e r a de cosas que no me gustan. Me sorprendí a pesar de mi cinismo porque encontré algo diferente.

Cama para 4 es una puesta en escena dirigida y actuada por Miguel Manzano Madrid, quien acompañado de Pablo Tena, Anna Gargiulo y Abril Jaimes, resultó ser un grata experiencia de convivio teatral. Hay que decir que el Teatro Ocampo de nuestra ciudad estuvo lleno como pocas veces lo hemos visto con motivo de una presentación de teatro. El público asistente participó gustosamente de la función con sus risas, aplausos, expresiones entusiastas. En resumen, era evidente que todo lxs presentes lo estábamos pasando bien con lo que presenciábamos.

Cama para 4 es una adaptación libre de Manzano al texto Alta tensión del dramaturgo español Santiago Moncada. Cuenta la historia de Manuel (Miguel Manzano), un hombre de mediana edad que se encuentra en una coyuntura de vida o muerte en ese momento. Es un hombre con una vida llena de privilegios y comodidades, casado desde hace 18 años y que ha engañado a su mujer desde hace 4 años con Julia (Abril Jaimes), una aprendiz de escritora, periodista, aficionada a las seudociencias psicologístas. La relación de Manuel y Julia ha estado basada en un sexo apasionado, desmedido, versátil. Pero ahora no parece ser esto un vínculo suficiente para continuar con su relación, pues Manuel ha recibido la peor noticia de todas: su esposa, Laura (Anna Gargiulo) está desahuciada y le quedan tan sólo 2 meses de vida. Ante esta crisis debe replantearse todas las decisiones que ha tomado en su vida hasta el momento. Se confiesa en cuerpo y espíritu frente a su condenada esposa, sólo para descubrir que su vida es mucho más compleja que lo que él sabe. Y que en su cama conyugal no hay 2, ni siquiera 3 como él suponía, sino que es una “cama para 4”.

Cama para 4

Foto: Jonathan Guzmán. Cortesía de Miguel Manzano Madrid.

 

En términos estéticos la obra está, únicamente, resuelta. Es decir, no hay mucha precisión en los elementos escenográficos, de utilería, en el vestuario de la obra, lo que hay son resoluciones de tipo práctico y funcional, que le son útiles a la historia para ser contada. Además, en la función que yo tuve la oportunidad de ver hubo algunas dificultades técnicas en relación a la iluminación. Digamos que fue evidente que no había habido un trabajo de diseño y montaje de iluminación previo. En términos de musicalización tampoco escuché grandes pretensiones de construir alguna atmósfera musical o sonora. Simplemente ambientación. Con todo ello, la obra triunfó. Por dos razones principalmente: la dramaturgia es tremendamente sólida y el trabajo actoral está muy bien. Aquí es donde aquella anquilosada querella de “¿dónde está el teatro, en el texto o en la escena?”, se puede resumir como: el teatro está en la estructura narrativa (que puede o no tener forma de texto literario) y en los actores (eso sí, sin actores no hay teatro).

Manzano Madrid se ha hecho acompañar del talento actoral joven de Morelia y ha encontrado en Jaimes, Tena y Gargiulo tres cómplices escénicos que le permiten tener una puesta en escena fresca, ágil y colorida. Hay que destacar a las actrices, en el sentido del compromiso con sus personajes, porque a pesar de tener personalidades, que evidentemente se alejan de lo que ellas son, resultan verosímiles, consistentes y equilibradas. En el caso de los actores no tanto, aunque también hay un distingo entre actor y personaje, que da evidencia del trabajo actoral, pero por momentos ellos se dejan seducir por la comicidad y tienden a exacerbar su interpretación. Esto ensucia un poco el desenvolvimiento escénico, es notorio en la dicción, en el movimiento físico, etc. Pero aun así, los 4 actores se acompañan en el tono actoral y entonces ocurre ese momento mágico que ya casi no se estila en el nuevo teatro (tan insistente en romper con el drama moderno): todos entramos en la convención, somos arrobados por la historia de estos 4 personajes, nos identificamos con ellos y por lo tanto nos conmovemos con su vida (que se parece mucho a la nuestra).

Me interesa ahondar en varias cosas que dicho hasta aquí. Una de ellas es el asunto del trabajo actoral. Particularmente de la escisión que “aparentemente” existe entre personaje y actor/actriz. Decimos que esta es aparente porque sin el actor/actriz el personaje no existe, no es más que una proyección textual de ciertos rasgos de carácter, pero el personaje tampoco es el actor/actriz. Lo que sucede es que el espectador ve a ambos de manera simultánea al momento de la representación. (Caso curioso fue el de Anna Gargiulo de la cual estaba presente su familia y sus amigos en la función. Supimos de ello, porque cuando apareció en escena, un grupo específico de personas aplaudió y ovacionó su presencia. Pero ese mismo grupo que conocía a la actriz, también se rio, se conmovió, al ver a Laura –el personaje que interpretaba- discutir su crisis conyugal con otro personaje, Manuel. Es claro en este ejemplo, como el público a través de la ficción ve a la actriz y al personaje simultáneamente). Y este tipo de evidencias nos arrojan a la conclusión de que efectivamente los actores han hecho la parte.

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Foto: Jonathan Guzmán. Cortesía de Miguel Manzano Madrid

En mi opinión esto ha sido posible porque cuentan un gran empuje que es una estructura narrativa sólida, como ya he dicho. La historia está espléndidamente contada, no es predecible, por lo que las sorpresas hacia el final son conmovedoras y simpáticas. Esto último me lleva a lo que mencionaba del drama moderno. En la actualidad, muchas de las cosas que vemos en el teatro se tienden a cuestionar a la representación, la ficción y el drama mismo. Me refiero a todas esas expresiones de teatro liminales, que se mezclan con la danza y el performance, teatro que utiliza la tecnología audiovisual, teatro que construye un ente poético a partir de material que no es ficción como el biodrama o el transdrama, teatro que no cuenta una historia sino es simplemente acontecimiento escénico, etc. Por el contrario, Cama para 4 es una comedia dramática representativa que no cuestiona la entidad conocida como drama, sino que la postula de manera convencional y tradicional (asunto que también encontramos en Va por ellas… ¡y por nosotros!, que ya he comentado Va por ellas… ¡y por nosotros!). ¿Es reprochable hacer un teatro representacional y dramático en el siglo xxi? No veo por qué. El público lo disfruta, accede al teatro, cuestiona su propia vida, se conmueve y afecta. ¿Qué no buscamos que pase exactamente eso? ¿Qué está mal?

Únicamente encuentro algo que está mal: la repetición de formas de relación sexo-afectivas, donde los hombres siempre son “unos cabrones” y las mujeres siempre somos “maniatadas o engañadas”. En el desencanto generalizado de que no podemos hacer del matrimonio algo diferente. Que siempre será una institución decadente de sometimiento mutuo, donde dos que se amaban terminan odiándose. Creo que la obra no alcanza a cuestionar estos elementos. Probablemente porque en el arco dramático, no hay entidades reflexivas, sólo el “curso de la vida”.

Pero la vida es complicada. En la vida trastabillamos, dudamos, nos retractamos, somos mentirosos o tremendamente honestos. El drama no. El drama es verosímil –se parece a la realidad pero no es la realidad-, el drama es consistente –nada puede contradecir el orden interno de las cosas-, el drama es una unidad cerrada –no hay elementos externos a la ficción que interrumpa su curso-. Por eso una estructura dramática jamás va a cuestionar un paradigma.  También de ahí la emergencia del nuevo teatro, que entendió que la discusión no es en los contenidos sino en la forma de esos contenidos.

Siempre me ha de pasar lo mismo: quiero hablar de la obra que fui a ver –y en sentido estricto quiero convencerlos de que ustedes también vayan a verla- y termino hablando de muchas otras cosas. Mejor concluyo insistiendo en que soy un maldito cliché que fue desactivado por otro cliché. Y me doy cuenta que el problema no es que nuestra vida o nuestro teatro sean clichés, sino lo limitado de nuestros clichés. Por eso la próxima vez que vaya al teatro abordaré el cliché de “un público común y corriente que va al teatro a divertirse”, y a lo mejor me encuentro una obra experimental que me exige más retruecos intelectuales. Por lo pronto en la tarde de ayer fui una “crítica de teatro” asaltada por la tradición, en la mejor manera.

La obra seguirá teniendo funciones, para mayor información sobre estas puede consultar el sitio:  Facebook Miguel Manzano Madrid o al teléfono: +52 1 443 156 1176.

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