Una historia olvidada – Teatro Alterante de León

Por Diana Tejada

León, Gto. El Teatro Manuel Doblado, además de recibir ballets y esporádicas comedias comerciales, se desempolva para ser la sede oficial del Programa Nacional de Teatro Escolar. En esta ocasión, Gemma Quiroz lleva al escenario la obra de Jorge A. Caballero Vega, titulada “Una historia olvidada”, con la actuación de Roberto Mosqueda, Luz Adriana Ortega, Mayed Nazzoure, Ybis Arellano, Hugo Mondelo y Andrés Valadéz.

La compañía Teatro Alterante presentará la pieza de lunes a viernes en tres horarios (9:00 a.m., 11:00 a.m. y 3:00 p.m.) hasta el 21 de marzo.

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Fotografía de Xosué Martínez

Este año, a la par de una labor escénica, se realiza un trabajo de divulgación científica, ya que aborda la atrincherada vida de un grupo de científicos en los que invirtió el gobierno. Esto con la finalidad de que realizaran un viaje y así calcular la distancia entre la tierra y el sol, estudiando un fenómeno conocido como “tránsito de Venus”.

Este fenómeno permite apreciar la alineación del sol, Venus y la Tierra, y en ese entonces se creía que el estudio de dicho evento astronómico permitiría conocer la distancia entre el sol y nuestro planeta.

¿Cómo es que este esfuerzo, realizado por los estudiosos del cielo en mancuerna con el gobierno, haya quedado olvidado? Quizás porque acontecían eventos de violencia histórica, quizás porque erraron en los cálculos.

En el suceso que se recrea, la información y procesos científicos poseen una carga narrativa importante, por lo que los personajes compensan sus diálogos explicativos con lo clownesco de la torpeza: un Porfirio que no sabe decir “astrónomos”, un asistente presidencial demasiado preocupado por los presupuestos, una peste mortal escenificada con un par de bacterias danzantes que se vomitan tiras de tela entre sí, un fornido y regordete capitán con voz chillona, e incluso un samurái que no termina de morir.

Para poder realizar la observación del tránsito de Venus, los personajes, que parecen sacados de una tira cómica de Tin tin, viajan al puerto de Orizaba, y arriesgan su vida al pasar entre la bailarina peste del vómito negro. Después de un encuentro con el ejército Cubano, que resulta en un doloroso maltrato de los instrumentos de investigación del equipo mexicano, descubren que su destino final son las costas de Japón, ya que, de acuerdo a una plática que tuvieron la suerte de escuchar, es en el país del Sol naciente, donde los extranjeros son muy bien recibidos y el clima es favorable para su enmienda.

 

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Fotografía de Xosué Martínez

El Emperador nipón recibe con aprecio a los científicos mexicanos, quienes le explican la importancia de trabajar en equipo para poder compartir el conocimiento.

Con una coreografía sencilla, pero ilustrativa y eficaz, unos aros se vuelven el sol, Venus y la Tierra, con lo que consiguen explicar el fenómeno y los ángulos que permitirán conocer la distancia entre el sol y la Tierra. Esta explicación hace meritorios a los mexicanos del permiso para colocar dos observatorios y estudiar el fenómeno.

Un gruñón francés que acompaña a la figura real y que funge como la competencia, se sorprende ante la ingenuidad de los mexicanos: para él, la verdadera importancia de conocer el dato es para demostrar poder.

A pesar de no lograr su cometido, el presidente Lerdo de Tejada premia a los científicos y reconoce que este esfuerzo servirá como fuente de inspiración a intentos posteriores, y como aliciente al desarrollo del país en materia de astronomía. Uno de los personajes, se convierte en uno de esos entusiastas, que se ve opacado por la violencia en nombre de una revolución que llegaría años después y que generó cambios en el país.

Actoralmente aún se percibe que los gags clownescos no pasan de ser una coreografía en continua afinación, los personajes aún no los hacen propios. La escenografía que les acompaña es sencilla y funcional, mientras que las proyecciones y la música destacan la belleza de los momentos celestes.

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Fotografía de Xosué Martínez

Al tratarse de una obra de teatro donde las escuelas son el principal público y la atención está en un constante riesgo de ser perdida, pareciera ser que la atmósfera lograda por los actores no pasa de la primera mitad del recinto, por lo que debería considerarse el uso de micrófonos, ya que los espectadores más lejanos pierden mucha información auditiva, haciendo que los logros visuales pierdan impacto.

Gemma Quiroz es una directora, dramaturga y actriz que también ha participado de encuentros teatrales como la Muestra Estatal de Teatro en Guanajuato y la edición 44 del Cervantino.

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