No es temporada de flores – CAAE

Por Said Soberanes

La obra “No es temporada de flores” se presenta en el foro La Ceiba, con texto de Larissa Torres y bajo la dirección de Valentín Orozco; actúan Claudia Fragoso y Brenda Urbina. Los viernes y sábados de febrero y el primer viernes y sábado de marzo a las 20 hrs.

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Sempoalxochitl / Cempasuchil / Flor de muertos 
Autor: Francisco Villa

En la trama, Alejandra – Interpretada por Brenda Urbina -, doctora de planta de un hospital que usualmente atiende heridos de un conflicto armado que no es nombrado (se asume que es la guerra contra el narco) arriba a un jardín a solicitar el trabajo de sembrar y cuidar cempaxúchitl fuera de temporada junto a Doña Flora – a cargo de Claudia Fragoso. La anécdota que Larissa Torres busca construir es la del proceso de comprensión de Alejandra sobre para quién están sembrando flores rituales fuera de temporada. Los muertos de una guerra inútil comenzada hace ya casi 10 años. Apostando por un texto más contemplativo que dramático, Torres coloca el conflicto fuera del escenario, donde los muertos y su sufrimiento queda del lado del público y no de la puesta en escena.

Ante un texto de estas características, Valentín Orozco apuesta por un ritmo aletargado, donde la atención en escena se basa en la disparidad energética de las dos personajes: Mientras que Doña Flora es un personaje parsimonioso y mistificado que reconoce su trabajo como la reparación simbólica de las víctimas, Alejandra aparecerá como un personaje un tanto estridente por su cotidianidad, su encuentro genera la suficiente incertidumbre para interesarnos en su relación.

La decisión más arriesgada de la puesta en escena resulta la iluminación ensombrecida; usando el hecho de que las acciones escenificadas acontecen por la madrugada, Orozco crea en el escenario un lugar casi invisibilizado, donde sólo algunas siluetas se adivinan. Un no-lugar donde casi pueda suceder ese resarcimiento simbólico. Este no-lugar también provoca que las convenciones del montaje sobre el afuera (en donde sucede el conflicto) sean ambiguas, a veces el extremo del escenario señala un cambio de tiempo y es suficiente para apuntar el afuera,  y en otros momentos, la actriz se pasea entre el público como parte de la misma casa, y el afuera se aleja.

La gran virtud del montaje es la relación entre las actrices, que haciendo un trabajo detallado en el diseño de sus personajes, logran crear una atractiva dinámica entre ambas que no pierde ritmo. Claudia Fragoso sabe contener su energía para obligar al ritmo creado con Urbina a emular a esos tiempos muertos donde uno dialoga sobre todo y nada.

La obra se experimenta como un ritual para reparar la herida que la violencia que seguimos viviendo genera en el cotidiano. Desapareciendo algún tipo de relación familiar entre las dos mujeres de la obra, sus conversaciones se vuelen una deriva por el mar de dolor por el que ambas se saben partícipes. Sin embargo, esto llega a resultar incómodo y cansino como espectador dada la dificultad de seguir en penumbras un texto contemplativo.

De la mancuerna que realizan Larissa Torres y Valentín Orozco (apoyados desde la producción por Ateri Miyawatl), me atrevo a señalar un instante en el que se aprecia su diálogo poético: En el texto, Alejandra tiene que llevar ropa que le haya sido ofrecida por sus dueños para proteger las plantas de cempaxúchitl, por lo que elige usar la ropa que ha sido abandonada en el hospital por los caídos en el conflicto. En el montaje, la ropa se encuentra en los respaldos de la butaquería y Alejandra se la solicita al público, es el público quien ofrece la ropa voluntariamente, ropa que no es suya pero que la entrega para participar del rito escénico. Con este juego Orozco potencia el texto de Torres para cuestionarnos si acaso es del lado del público donde habita la voluntad que hace falta.

Además de la temporada que casi termina en el foro La Ceiba, este montaje se presentará en agosto en la ciudad de Buenos Aires, Argentina para culminar el proceso de maestría en dramaturgia que Larissa Torres realizó en el país del sur. Este fin de semana es la penúltima oportunidad para ver este montaje en su primera temporada.

Nota: No adjunto fotografías del montaje dado que la penumbra del escenario jugó en mi contra al momento de realizar las fotografías.

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