Cena de Compromiso

Por Gunnary Prado

 

Por esta ocasión quiero ser directa y muy honesta: por favor, quédese hasta el final de la reseña, porque esta como la función de la que hablaré será “una reseña de batalla”.

El día de ayer, 9 de febrero, por la noche tuve el privilegio de participar exclusivamente del inicio de una corta temporada del espectáculo “Cena de compromiso”, unipersonal de Manuel Barragán.

Insisto en lo difícil de esta posición: la función fue prácticamente para mí sola. Esta es la razón por la que decimos, “una función de batalla”.

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Fuente: timeline de facebook de Manuel Barragán. Versión dirigida por Verónica Villicaña en el año 2014, en Morelia, Michoacán.

 

 

No hace mucho tiempo, en las redes sociales corrió una asombrosa noticia en relación a un actor italiano que realizaba una gira por la península, y en una de las ciudades tuvo que llevar a cabo su función sin público, acompañado del portero y la persona responsable de la taquilla. (http://www.lavanguardia.com/cultura/20170412/421648091280/actor-itlaiano-funcion-espectador-giovanni-mongiano.html)

El acontecimiento era notorio, sobre todo para los europeos, acostumbrados a una participación de personas más o menos regular. Como yo lo veo, los europeos hacían pública una crisis del teatro que hemos revisado en los márgenes del mundo (hablando en términos eurocéntricos) desde hace más de medio siglo. Lo cierto es que dar función con una, dos, tres personas, en nuestro contexto es el pan nuestro de cada día. Claro que es un asunto que hemos discutido, reflexionado, intentado resarcir, tal y como se lo plantearon los europeos en torno a esa escandalosa nota. La diferencia estriba en que para nosotros no hay nada de heroicidad en el suceso, sino que es la condición “natural” de nuestro quehacer teatral: asunto de unos pocos sin ninguna trascendencia social; mientras que las redes sociales de europeas levantaron la voz para reconocer el valor y el honor del angustiado actor, sobre la base de la legitimidad que todavía gozan las artes escénicas en ese lado del hemisferio, quiero pensar.

Manuel Barragán presentó anoche el espectáculo que también escribió y dirigió para esta servidora. Y las mismas preguntas que me persiguen desde hace años volvieron a mi cabeza: ¿cuál es la razón por la que el teatro es una actividad social con impacto tan bajo? ¿Cuál es la causa de que el público de teatro asista muy excepcionalmente a las salas, foros, teatros? ¿Por qué la práctica teatral ya no es espejo social, espacio de debate y comunicación social, como lo fue durante 500 años en las sociedades occidentales? ¿La razón es la poca vinculación que tiene el teatro con el acontecer social? ¿Acaso tiene que ver con la calidad de las obras? ¿Con la manera en cómo difundimos y comunicamos al gran público nuestra actividad? ¿Será real que el cine, la televisión y los medios digitales han sustituido por completo al teatro? ¿Será cierto que este ya no tiene ningún sentido en las actuales circunstancias? Intentar responder a estas preguntas en conjunto y de manera definitiva es imposible. Creo que en este examen, como en la vida misma, las respuestas deben ser una a una y en relación a los particulares. Si después de una exhaustiva revisión alcanzamos ciertos principios generales, habremos alcanzado cierta constructo de verdad, que inmediatamente tendrá que ser revisada nuevamente.

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Fuente: timeline de facebook de Manuel Barragán. Versión dirigida por Verónica Villicaña en el año 2014, en Morelia, Michoacán.

De cara a “Cena de compromiso” de Barragán yo observo una obra escrita con autenticidad, que me permitió conocer otros perfiles de este creador escénico que no conocía. Observé un humor siniestro y al mismo tiempo seductor que nos invita a reírnos de nuestra mediocridad afectiva. Este aspecto me resultó interesante, toda vez que yo había conocido un Barragán más bien melodramático. Entiendo que esta obra de repertorio ha estado en activo por varios años y que en alguna etapa de su desarrollo participó en la dirección escénica otra destacada creadora de nuestro ámbito estatal, Verónica Villicaña, como responsable de la dirección escénica. Aunque en este momento tanto la dirección escénica, como la dramaturgia y la interpretación sean completamente de Manuel Barragán.

Esta pieza es un unipersonal de teatro que se acerca a los espectáculos de stand up y cabaret, donde el actor rompe por completo la distancia escénica entre él y el espectador, involucrándonos directamente en la ficción a través de los sucesos que va relatando, no sólo porque interpela al público, sino porque nos va involucrando en los acontecimientos “como si fuéramos viejos amigos”, haciéndonos partícipes de la situación escénica directamente. Siendo así, la invitación no es “al teatro” sino la cena de compromiso de Rodrigo, “nuestro viejo amigo”. A través del relato de su vida y del contexto de la cena “que se realizará en unos minutos” vamos conociendo un personaje que no tiene conciencia de que no está al centro de su propia vida.

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Fuente: timeline de facebook de Manuel Barragán. Versión dirigida por Verónica Villicaña en el año 2014, en Morelia, Michoacán.

Resulta intrigante saber si esta inopia es causada por su negación o por algún desequilibrio mental. Por momentos no podemos identificarnos con el personaje porque parece estar demasiado lejos del parámetro de “normalidad” en el que el resto intentamos desplazarnos; no obstante, en otros momentos, la risa viene a nosotros porque nos hemos identificado: no podemos ocultar que sabemos que “eso soy”.

El asunto central de la pieza gira en torno a que el problema de lo que somos es la soledad. La paradoja de la centralidad del sujeto en nuestra cultura moderna: entre más auténtic@ seas más aislad@ estarás del resto. Algunos, la mayoría, aprenderán a sobrellevar ese retraimiento, otros, caerán ante el precipicio de la soledad.  Manuel Barragán se planteó este asunto desde una posición jocosa. Poniendo, delante de nosotros, un personaje que es ridículo, para al final confrontarnos.

Todos los problemas de la vida en pareja están ahí: el matrimonio y su irremediable condición contractual donde se debe “negociar” la felicidad, el dinero, el sexo, la convivencia, la interdependencia, la realización personal, la no-realización personal, etc. En su forma, esta puesta es también una sátira de todos los rituales sociales en torno a la vida en pareja que de acuerdo a los estándares sociales deben cumplirse: el noviazgo y sus prácticas usuales,  la cena de compromiso, la fiesta de bodas, etc. De todo ello resulta un retrato triste y opaco, a la vez cómico y relajante.

Manuel Barragán en su interpretación no se exige mucho. No se aleja un ápice de cómo él se presenta la vida cotidiana. Su interpretación es fresca pero poco esforzada. Sin embargo, esto no demerita ni el ritmo ni la claridad de lo que observamos. La puesta es muy sencilla en sus elementos, pero justa: tal y como está planteada ni le falta ni le sobra. Sin duda debe ser muy difícil para un espectáculo de estas características (donde el principal recurso es interpelar al público, congraciarse con él para de esta manera construirse) dar una función en estas circunstancias, por lo que no me atrevería a ir más allá, en términos de efectividad, de apuesta escénica o compromiso con el hecho teatral.

No debo obviar el contexto en el que esta obra se presenta. El Foro (ubicado en Aquiles Serdán 415 del Centro de la ciudad de Morelia) es un teatro-bar que ha promovido desde su apertura espectáculos de este talante. Los que nos mantenemos cercanos a él, hemos visto la vigorosidad con la que se ha sostenido el lugar, el incremento de un público estable y la diversificación de su cartelera. Es un lugar que no tiene competidores y que como otros tantos (Foro Eco, La Ceiba, La Mueca, Foro 4) ha contribuido desde la independencia al desarrollo de una comunidad teatral que ha perdido su patrimonio, el apoyo oficial y sus espacios de manera sistemática desde hace más de cinco años.

Regresando al planteamiento oficial. ¿Barragán comunica algo vigente y necesario para nuestra vida? Lo hace. ¿Hace algo, en términos teatrales y artísticos, que lo diferencia del cine, de la televisión o de los medios digitales en torno a este contenido? Sí lo hace, la experiencia viva del arte teatral es insustituible. Tiene la particularidad de otorgarnos prácticas en carne propia que ningún otro dispositivo cultural hace. ¿El espacio y el artista se han esforzado por comunicar y difundir su trabajo a través de distintos medios? Lo han hecho. De manera personal he sido testigo de estos esfuerzos. Luego, ¿qué pasa? Es probable que no estamos haciendo las preguntas correctas o somos demasiado complacientes en las respuestas. Por lo pronto, yo lo invito a que tome un poco de su tiempo y acuda a El Foro a esta temporada que tendrá lugar los próximos viernes 16 y 23 de febrero a las 20:30 hrs, para que sobre lleve sus propias relaciones de pareja de manera más divertida o saque sus propias conclusiones.

No puedo despedirme sin mencionar que Manuel Barragán, además de ser uno de los directores que más se ha destacado a nivel estatal y nacional, es un dramaturgo que está cosechando logros importantes. En el año 2016 obtuvo el premio Independiente de Joven Dramaturgia Teatro Sin Paredes; este año, resultó finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2017 y publicó, con el sello editorial de Tierra Adentro, la pieza Rumis, en la colección de Teatro de la Gruta XVII.

Cena de compromiso

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