“Un día soñé a Curicaveri” de Silencio Teatro y Parasubidas Teatro

La semana pasada se estrenó, como parte de la temporada 2017-2018 del Programa Nacional de Teatro Escolar, la obra “Un día soñé a Curicaveri”, con la dirección de Ramsés Figueroa, dramaturgia y escenografía de Hasam Díaz, actúan Verónica Villicaña, Eva Sánchez, Jaime Homar García y José Juan Suanate II; en producción de las compañías Silencio Teatro y Parasubidas Teatro, junto a las Secretarías de Cultura Federal y Estatal.

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Fotografía cortesía del Grupo

El estreno tuvo lugar este lunes 15 de enero de 2018, en las instalaciones del CEDRAM, Pátzcuaro y seguirá en temporada ahí durante esta semana en funciones a las 9 y 11 hrs. Después, la obra tiene la responsabilidad de presentar 40 funciones más, pero es incierto el espacio de representación.

El Programa Nacional de Teatro Escolar, de acuerdo a la página del mismo PNTE, existe para establecer una cultura teatral nacional por medio de la formación de nuevos públicos y la creación de una red de enlaces entre distintos núcleos teatrales del país. Más allá de  si estas metas se cumplen en mayor o menor medida, este año el programa ha tenido trastabilleos en su ejecución, al menos en su edición michoacana. No tengo los elementos para discutir aquí sobre reglas de operación y desempeño institucional, sólo dejó registro de los desencuentros y trompicones con los que los diferentes responsables del financiamiento y la producción estrenan esta obra (resultado, ésta, de la relación entre las distintas instituciones productoras).

La obra cuenta la historia de Tariacuri (títere manejado tanto por Verónica Villicaña y Eva Sánchez), primer Cazonci del pueblo P’urhépecha, en su infancia; cuando un coyote devora a su abuelo Tata K’eri (Jaime Homar García), Tariacuri necesita confrontarle por medio del fuego; para poder controlar el fuego Tariacuri experimenta una regresión explicada como viaje en el tiempo donde repasa (pues al parecer el personaje entiende y comprende todo lo que sucede en escena) los mitos de la creación p’urhépechas.

El resto de la obra se centrará tanto en estos mitos que el personaje de Tariacuri se volverá secundario; remplazándolo con la historia de la divinidad Kuerajpiri (Eva Sánchez), de cómo crea a Kuri-Kaueri (José Juan Suanate II) y a Xaratanga (Verónica Villicaña), y cómo de su amor surge Nana-Cuerari, que es la tierra.

 

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Fotografía cortesía del Grupo

Después, la historia de los primeros hombres tratará de reintegrar en la anécdota a Tariacuri, para llevarnos a un final que recuerde a las historias de edificación por medio de un viaje iniciático; pero todo esto sucede en medio de tantas historias que uno ya se encuentra confundido y abrumado.

Si bien la dramaturgia resulta demasiado intrincada para el público que el programa espera (Los monólogos de Kuerajpiri implican discutir la dualidad, la nada y la existencia misma en términos complejos que resultan difíciles para niños y adultos por igual), la obra cuenta con el trabajo de 4 actores preparados que se esfuerzan por mantener un ritmo en escena que mantenga atento al público. No siempre lo logran y al final de la función los niños más pequeños ya se encuentran cansados y ansiosos.

La dirección de Ramsés Figueroa confunde tempo con ritmo, ofreciéndonos una historia que se cuenta con prisa pero que no le da tiempo ni a los momentos icónicos, como la muerte de la tortuga que cuida el tiempo (títere maniobrado a la par por José Juan Suanate II y Jaime Homar García) a manos de los primeros hombres (el mismo Jaime Homar y Eva Sánchez) que pasa apresuradamente sin que el personaje – ya no digamos su muerte – afecte el desarrollo de la trama; ni a los instantes más lúdicos, como un pequeño gag entre Tariacuri y el eco del vacío que pierde brillo por la prisa de ser contado.

Este mismo problema afectará a las canciones que se entrecruzan en la obra, composiciones todas de Edén Ensastiaga, que aparecen casi inesperadamente, por lo que más que atmósfera generan paréntesis narrativos.

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Fotografía cortesía del Grupo

Un gran acierto en este montaje está en la escenografía que logra por su sencillez y su paleta de colores (Basada en los colores de la bandera p’urhépecha) generar un ambiente emotivo que a la par es interesante de observar y que permite a los actores jugar e integrarlo a sus acciones escénicas.

La obra logra, a pesar de todas estas imprecisiones, atraer nuestra atención a la mitología propia de la región que habitamos, la historia de los diferentes dioses p’urhépechas y su consolidación en la mente de los niños que asistirán a la obra, es un proyecto no sólo pertinente sino necesario y la forma fluida de contarla hace  de esta obra una herramienta didáctica que será de profunda utilidad para las escuelas que puedan asistir a esta temporada.

“Un día soñé a Curicaveri” se siente como un trabajo terminado, con intenciones claras, pero al que le hace falta refinarse, ojalá esta temporada ayude a lograrlo, aunque la ya conocida falta de espacios teatrales que sufre la Secretaría de Cultura Estatal, al parecer dificultará, más que facilitar, la continuación en el desarrollo de esta temporada 2017-2018. Las fechas definitivas y las actualizaciones de este proyecto se pueden revisar en su página de Facebook.

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