Que parajoda es el amor en el Corral de la Comedia.

por Gunnary Prado.

Plutarco en Vidas paralelas nos relata que en Esparta los varones no establecían ninguna relación de convivencia con sus esposas, el único objetivo de su relación conyugal era el de producir chicos fuertes. El joven espartano se reunía con mucho sigilo, casi en la clandestinidad, con su mujer en medio de la oscuridad y después de tener relaciones sexuales con ella se marchaba para reunirse con el resto de los jóvenes varones.  Porque de esta manera, el matrimonio no alcanzaba a conocer el fastidio y la indiferencia que se produce en el trato cotidiano, sino que los casados siempre permanecen como “nuevos conocidos” y por lo tanto siempre se saborea el deseo y la complacencia. (Vidas Paralelas)

Esta práctica en la vida contemporánea sería impensable. Aunque no podemos dejar de pensar que esta estrategia podría adaptarse de alguna manera con el propósito de revitalizar una institución en franca crisis. Algo así como reinventarse todos los días entre marido y mujer, de tal manera que el fastidio y la indiferencia no los alcancen. Sin duda esta sería una tarea extenuante. Y al final, mantener la frescura o la novedad no es garantía que la convivencia conyugal funcione. Yo realmente no sé de qué hablo porque nunca he estado casada pero los matrimonios a mi alrededor tampoco han alentado mucho mi ganas para pasar de la soltería a la vida en matrimonio porque tal parece que este en su acepción más objetiva, es decir, como una “sociedad legítimamente constituida por el hombre y la mujer, que se unen con vínculo indisoluble, para perpetuar la especie, ayudarse a llevar el peso de la vida y participar de una misma suerte” (Joaquín Escriche Martín) no parece resultar ni legitima, ni indisoluble, ni su propósito principal es la procreación, y mucho menos ayuda aligerar el peso de la vida, menos aún garantiza la confabulación de una misma suerte para dos.

Además de todo, en las definiciones del matrimonio moderno la dimensión afectiva o sentimental no toma un rol indispensable, no así la dimensión espiritual o moral. Entre amor y “la sociedad conyugal” no hay necesariamente una relación de correspondencia. Es decir, puede usted casarse por causas muy ajenas al amor o al afecto; o puede usted amar y no casarse. Esta paradoja entre amor y matrimonio, y las aporías del matrimonio en sí mismo son el tema de la comedia Que parajoda es el amor que se presentó durante ocho meses todos los miércoles en El Corral de la Comedia que dirige el actor y director de teatro, Manuel Guízar. Con la participación actoral de Abril Cira, Adriana Argüelles y Sabrina Hernández y el apoyo en la asistencia de dirección de Marco Antonio Olalde en esta ocasión, Guízar nos presentó una comedia psicológica que se diferencia con franqueza del contenido y estilo recurrentes que encontramos en las obras de teatro del Corral de la Comedia.

Tres amigas se reúnen el día de la celebración de matrimonio de cada una. En cada jornada se muestran las confesiones del por qué se casan. Primero se casa Rosa (Abril Cira), que lo hace por conveniencia, por “avanzar en su relación”; Mary Carmen (Adriana Argüelles), una mujer madura se casa porque después de cinco años de relación como amantes, finalmente “su enamorado” se ha divorciado y “lo natural” parece ser el matrimonio; Elisa (Sabrina Hernández) se casa porque sabe que su novio está honesta y perdidamente enamorado de ella, aunque ella duda en “si le corresponde en igual medida”. Los dos primeros matrimonios fracasaron por infidelidad, violencia y abuso; en el tercero y último, las tres amigas ponen todas sus expectativas, “¡esta vez sí tiene que funcionar porque él la ama!”

Que paradoja es el amor 2

Foto: Kino Glaz

Como se podrá observar el tema de la comedia es complejo. Resulta sumamente difícil visitar este asunto con humor, porque las personajes no son viciosos ni tienen algún defecto físico o mental que las haga ridículas como debe ocurrir en la comedia clásica; por el contrario, ellas son tres mujeres “normales” con anhelos, confusiones, contradicciones, deseos como todas las mujeres; es la circunstancia que las rodea la que resulta anómala, se podría decir que esta comedia es realmente una pieza –en el apego estricto a la teoría de géneros que ya no se observan tan regularmente en la práctica teatral contemporánea– donde el personaje toma conciencia de lo que está mal y del efecto de sus acciones pero no hay una transformación de la situación inicial (como sí sucede en la tragedia y en la comedia clásica), únicamente hay una evasión de la circunstancia, ya sea huyéndole (el ejemplo por excelencia es Casa de muñecas de Henry Ibsen, pieza clásica que retrata las difícil posición de la mujer en el matrimonio y donde al final el personaje principal, Nora, abandona a su marido e hijos), o repitiendo su conducta ad nauseam (en este caso, casi todas las piezas del escritor ruso Antón Chejov podrían ser un buen ejemplo). Aun así, Guízar y las actrices han realizado una puesta en escena con picardía, holgura y rebeldía, pero que no sostiene la hilaridad por la misma razón. Siendo así, presenciamos una obra que intenta burlarse de la situación y de las personajes, sin embargo, al final la sensación es de desasosiego, de frustración al ver que los personajes sucumben ante sus decisiones (Rosa fue defraudada y abandonada por su marido; Mary Carmen sufrió abuso y violencia en el corto periodo que vivió con su marido) y de compasión al ver que aún en ese estado conserven esperanzas de que el matrimonio de la última soltera sí resultará exitoso.

Que paradoja es el amor

Foto: Kino Glaz

Es notorio la diferencia en el estilo de actuación que hay entre Sabrina Hernández y Abril Cira frente Adriana Argüelles. Esta discrepancia da como resultado cierta disonancia interpretativa, donde las primeras dos parecen más naturales, mientras que la última parece sobreactuada. Me atrevo a pensar que pudiese ser un problema de entonación actoral que debió preverse desde la dirección escénica, porque la experiencia de la connotada actriz Adriana Argüelles es evidente.

Por otro lado, vemos que la resolución escénica de la puesta tiene una pretensión por completo realista. Siendo así, el paso del tiempo se resuelven con una pausa de la escena a manera de “intermedio” para que las actrices cambien de vestuario. Es interesante señalar como esta convención –es decir, el ocultamiento deliberado de la elipsis– es algo que ya casi no se observa en el lenguaje escénico contemporáneo. Es más recurrente el develamiento “del paso del tiempo” a ojos del espectador (por ejemplo cuando vemos que los mismos actores hacen funciones de tramoya o hay cambios de vestuario en el escenario, o con el apoyo de la escenotecnia, por ejemplo, entrada o salida de trastos escenográficos, o cambios de iluminación, etc.). Por el contrario, en esta caso, vemos que la historia se pausa, para continuar después de un corto intermedio, “en otro día”, “en otro lugar”, cuando lo único que vemos es un cambio de vestuario.

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Foto: Kino Glaz

Otro asunto a destacar es el proceso de construcción de la historia. Esta en términos estrictos es muy sencilla. Ya hemos dicho que son tres amigas que se casarán y lo que se nos muestra la obra son las horas previas a la ceremonia en cada una de ellas. Ese tiempo en que la novia, ya lista, entra en crisis y comienza a dudar de su decisión. Entonces, las fieles amigas deben hacer de todo lo posible para que la novia no se retracte a pesar de que ellas saben, al igual que la novia, que casarse es menos conveniente que no casarse.  En sentido estricto no sucede nada más. Pero esta historia tan sencilla se vuelve interesante cuando comenzamos a observar los pensamientos y las ensoñaciones particulares de cada una de ellas. Es así como, Guízar y las actrices construyeron una pieza cómica donde lo realmente relevante está en la cabeza de las tres personajes.

La estrategia escénica es en apariencia muy sencilla pero es un desdoblamiento que podría volverse infinito (como dos espejos encontrados): la acción escénica se suspende y nos “trasladamos a la mente” de una de ellas para ensimismarnos en su imaginación. Ahí, en el ámbito mental del personaje, vemos situaciones entre las tres amigas que nos muestran la verdadera naturaleza de su conflicto con el matrimonio y el amor. Por ejemplo, Rosa está enamorada de Elisa; Mary Carmen está preocupada por su edad y teme quedarse sola; Elisa está más enamorada de su prometido de lo que está dispuesta a reconocer.  Lo más extraordinario de esta puesta en abismo que hace la obra es que las otras dos están al tanto de estar en la imaginación de la otra, y ahí mismo la confrontan y relevan de sus verdaderos deseos, anhelos, conflictos. Pero esta resolución sólo ocurre en la imaginación de cada una de los personajes, en el plano “real” (que es el plano de la acción escénica) no pasa nada, por lo que la circunstancia no cambia, las personajes se postran ante la “inevitabilidad”: se casaran y el matrimonio fracasará muy seguramente.

Que paradoja es el amor 3

Foto: Kino Glaz

 

De acuerdo a la evolución histórica del matrimonio este apareció cuando se produce el cese de la vida nómada, entonces el apareamiento deja de ser un hecho circunstancial y comienza a ser una actividad de interés entre una pareja. Muchos teóricos de la cultura y sociólogos han descrito nuestra época como una en la que resurge una nueva forma de nomadismo, uno que ya no se traslada físicamente, sino virtualmente, y además lo hace con un notoria velocidad acelerada, casi vertiginosa. ¿No será que ahora ante este nuevo nomadismo el matrimonio deba cesar?, o ¿deberá refundarse la institución conyugal? Lo único cierto es que es una amor y matrimonio son una paradoja.

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