El Fantasma de las Navidades – Uno más otros teatro

Por Jesús Suárez

El pasado domingo 3 de diciembre se presentó la obra El Fantasma de las navidades, dirigida por Alan Delgado, y en la que él mismo es protagónico. Es una adaptación de la famosa y aclamada novela corta Canción de Navidad (A Christmas Carol), del escritor Charles Dickens. En esta adaptación de Alan Delgado y la compañía Uno más Otros Teatro, se cuenta la historia de “Isaías”- interpretado por Alan Delgado-, un avaro amargado que no cree en las historias de paz y amor que se pregonan en las fiestas de Navidad.

            El personaje de Isaías se ve involucrado en una serie de eventos, -propios de su avaricia y desprecio por tales festividades, como negar dinero a los pobres, aborrecer los coros de villancicos y mal pagar a sus empleados-, que le llevarán a enfrentarse con sus memorias más frías y oscuras, acompañado del brazo del “Fantasma de las Navidades”, el cual le mostrará su pasado buscando que Isaías se reencuentre con el amor que aún queda en él y que por dolorosas circunstancias se obligó a reprimir.

            La obra se desarrolla con un buen ritmo, muy cómico, por cierto. Hay dinámica en los cambios de escena, lo cual es una virtud de este trabajo ya que hay diversos cambios de escenografía que son apoyados por el cierre del telón mientras sobre el proscenio se desarrolla alguna escena más. Se agradece esto tomando en cuenta la larga duración de la obra. Y cabe señalar también que el manejo del espacio es muy limpio, en ningún momento de las escenas actuadas hay atropellos entre los actores. Por momentos sólo decir que faltaron algunas triangulaciones o curvas que dieran más posibilidades corporales a las actuaciones, pues, principalmente en las escenas en casa de Isaías, los trazos son muy paralelos a proscenio lo que genera que las escenas se vean planas y se pierda la profundidad del espacio que nos brinda la escenografía.

            En cuanto a las actuaciones, señalar que indudablemente se notó un grupo de actores jóvenes -con poca experiencia escénica- y un grupo de actores más grandes con algo más de tablas. En los actores jóvenes hubo una falta muy grande de presencia escénica, esto sólo corporalmente tanto en los momentos actuados como en las escenas dancísticas. En cuanto a voz, éstos tenían una muy buena proyección y dicción, aunque las intenciones de sus personajes quedaban poco claras y los tonos que querían dar a las situaciones resultaban impostados. A diferencia de los actores con más experiencia que tuvieron problemas de dicción lo que empastaba sus voces, pero con una buena presencia del cuerpo e intenciones también más claras.

            Sobre el mismo tema de la corporalidad del actor, habrá que decir también que en las partes coreográficas, a diferencia de la limpieza que había en las escenas actuadas, el trabajo resulta sucio y no por una mala construcción coreográfica, sino por falta de coordinación entre los actores. Se veían entre ellos para ver qué era lo que seguía, se estorbaban para moverse y no había consciencia del ritmo y la música que los estaba acompañando. Se movían de acuerdo a un marcaje y no a un ritmo.

            La modesta escenografía generaba, con una paleta de colores entre rojo, café y azul un ambiente muy sobrio y melancólico, pero que cumplía muy bien su función de situarnos en los diversos espacios en los cuales se desarrolla la obra. Al igual que la iluminación, un trabajo también sin grandes aspavientos, sólo generando atmosferas para acompañar la espacialidad, lo cual se logra muy bien. La musicalización sólo fungió como introducción a algunas escenas, salvo los momentos de danza que tuvo la obra en los cuales resultaba necesaria una pieza que acompañase.

            Aunque la obra tuvo un buen ritmo escénico, faltó coerción narrativa porque entre el pasar de una escena a otra no terminaba por quedar claro la necesidad de ello. La obra se tornó en una sucesión de scketches y la narración de la historia quedaba flotando como un mero pre-texto. Si bien, es una adaptación de la obra de Dickens y que es evidentemente la intención de montar una comedia. Esto perderá buena parte de la esencia de la obra original, ya en que en ella hay una crítica muy fuerte a los valores de una forma capitalista de trabajo y a la frialdad que esto impone a las relaciones humanas, y en esta obra de Alan Delgado encontramos un peso mayor al espectáculo y comedia de divertimento, chistes que se identifican más con la situación social del espectador, pero no va más allá.

            El personaje de “El Fantasma” pierde relevancia, en la historia porque se anulan todos los diálogos que originalmente tiene en la obra, y se suple con una mímica muy poco clara. Y genera confusión que su vestimenta refiera a la muerte, mientras que el personaje original sí es un fantasma, tal cual.

            En general, resulta ser un buen espectáculo navideño para pasar un rato con la familia, pero sin ser una puesta en escena grandiosa. Una representación más bien orientada a un teatro de entretenimiento familiar, que relega el mensaje social y la valorización de una realidad a un segundo término. Finalmente, reconocerle a la compañía el hecho de que está sea su vigésima primera temporada, lo cual es gran logro en el quehacer escénico de esta ciudad.

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