LA MET DE CHIHUAHUA: 10 DÍAS, 12 HISTORIAS, UN PROPÓSITO (TERCERA Y ÚLTIMA PARTE)

Llegamos a la tercera última parte de la crónica de la Muestra Estatal de Teatro de Chihuahua que se realizó en Ciudad Juárez y que gracias al esfuerzo del Colectivo Norteatro podemos conocer en otras latitudes del país.

(Pueden revisar la primera y segunda parte en los siguientes link:

LA MET DE CHIHUAHUA: 10 DÍAS, 12 HISTORIAS, UN PROPÓSITO (Primera parte)

La MET de Chihuahua: 10 días, 12 historias, un propósito (segunda parte)

Para Sinestesia escénica este ejercicio de contraste entre las diferentes realizaciones de un modelo que se repite a todo lo largo y ancho del país (Muestras Estatal y Regionales de Teatro) es un medio efectivo para discutir un proyecto de teatro nacional, si es que este existe o es viable.

Norteatro

De Fernando de Rojas a nuestros días

El teatro-café Telón de Arena abrió sus puertas al público chihuahuense con otra de las propuestas de la compañía homónima: La Celestina, obra emblemática de la literatura española. De autoría dudosa, atribuida a Fernando de Rojas, y cuestionada sobre su fecha de composición (¿medievo o inicios del renacimiento?) y su género (¿teatro o prosa?), la Tragicomedia de Calisto y Melibea se erige como universal. Su objetivo, sobre todo moral, consistía en sermonear a los jóvenes acerca de las consecuencias de las pasiones que se alejaban de la norma social de las clases altas y del amor cortés. La adaptación dirigida por Perla de la Rosa ubica el texto de Rojas en nuestro aquí y ahora. Al reavivar el espacio y tiempo dramáticos, la obra ofrece una relectura en donde la lujuria, la venganza y la tensión entre el escalafón de estratos sociales surgen como temática principal. Telón de Arena tuvo a bien utilizar su propio foro, lo que permitió ver la obra en su lugar de origen y mantener la propuesta de bar en la que el público se adentraba en el Jardín del halcón al interactuar directamente con el ballet y los actores. La arquitectura escénica fue diseñada para recrear un burdel en el que distintas secciones contiguas (la cama en el nivel superior, las escaleras, el altar de Celestina, los cortineros donde se exhiben las bailarinas, el cuarto de Melibea) permiten que los personajes las recorran y el foco de atención varíe o sea compartido hacia distintas zonas. Precisamente aquí radica la valía de la adaptación. La simultaneidad de acciones ha sido el gran enigma del texto original y de toda puesta en escena en cualquier tiempo. A nivel compositivo es una técnica narrativa altamente explotada en las novelas de caballerías, pero en las tablas las compañías optan por la unicidad escénica. Es decir, reducen el problema y lo solucionan por medio de un narrador (explícito o en voz en off) o tocan los diálogos para aclarar ese complicado “mientras tanto”, imposible de representar, a menos de que se construyan escenarios múltiples, lo que es un reto para cada espectador que, irremediablemente, desde su ubicación se perderá de algo y tendrá que completarlo con su imaginación. En cuanto a la ejecución de los papeles destaca el trabajo de Perla de la Rosa (Celestina), Amalia Molina (Alisa) y Tulio Villavicencio (Sempronio), quienes sostienen la obra, ya que, si bien, Calisto y Melibea son los protagónicos, no transcienden su naturaleza pasiva dentro de la trama. Por su parte, la música en vivo y el ballet dotan de vida a La celestina y enriquece las acciones; por ejemplo, cuando Alisa llora a Celestina mientras a su alrededor tocan y bailan al ritmo del tango. Otro momento significativo sucede mientras la misma Alisa invoca a Plutón y, claro, durante el final, con el famoso lamento de Pleberio convertido en una bella melodía en voz de una cantante, inmersa en un espacio decadente. Telón de Arena consagró su participación en la MET dejando en claro que existen dramas y asuntos, como el aquí propuesto y el de Fuenteovejuna, que nunca perderán vigencia; solo se necesita ajustar la perspectiva y asomarse a ellos para que vuelvan a cobrar vida.

09 La Celestina

Fotografía de: Umberto Carlos Morales.

Perdón y concilio

El Tenderete presentó en la séptima jornada Espíritu apache, escrita y dirigida por Armando Samaniego. Toda su pasión y experiencia (de más de 30 años) para dar vida a títeres y marionetas se transmite en el instante mismo de la representación, en la que, además del autor, también intervienen Luisa Samaniego, manejando a Gerónimo, y Pilar Cárdenas, encargada de personajes secundarios, como Café con leche y Luna Blanca. El espectáculo funciona como teatro histórico, a pesar de que la perspectiva que se toma es la de un niño actual que se ve acosado por sus sueños, remanencias espirituales del ayer de su pueblo. La pieza, destinada para un público infantil siempre cautivo, se sirve de cuatro técnicas de animación: marioneta (muñecos de huaje movidos por hilos), títere de viento (figuras que se elevaban por los aires), títeres de guante o guiñol desde un plano elevado y títeres de sombra proyectados sobre la tela del mismo teatrino que es, a su vez, un teepee. El ciclo de vida apache se torna totalmente funcional por medio del círculo, figura geométrica puesta en acción en varios niveles: simbólico (el atrapa-sueños), escenográfico (la tienda de campaña) y técnico (el redondel de los abanicos). La dramaturgia de Samaniego, frente al exterminio sistemático, traiciones y reclusión en reservas que sufrió la apachería, se centra en el perdón. ¿Cómo se logra este concilio? A través de la indagación en el pasado desde el conflicto de un pequeño que ha heredado el nombre de un icono de resistencia. El viejo caudillo Gerónimo contó su vida hacia 1905, siendo prisionero en Oklahoma. Sus memorias son el legado de un pueblo del que debemos conocer su presente, cosmovisión, mitos de origen (protagonizados por la deidad Usen), el respeto por la naturaleza y su apego por la libertad. Para hacerlo, Espíritu apache abandona la trinchera del vencido y, al tiempo que pone en lo alto la figura del enemigo, el capitán mexicano Joaquín Terrazas, nos muestra distintas soluciones: alianzas, mestizajes y convenios, algo similar al significado de Apaches, de Víctor Hugo Rascón Banda (2003). Con toda creatividad e ingenio El Tenderete reinscribe la realidad indígena a través de sus descendientes. El atrapa-sueños posee la carga simbólica suficiente para articular propuestas en el acto nostálgico y recogedor de la memoria colectiva. A través de la marioneta de Gerónimo conocemos el porqué de sus pesadillas y descubrimos algo más sobre su (¿nuestra?) identidad. El teatro lo hizo de nuevo: con toda su magia imagina la validez de voces e historias que revisan y dirimen el espíritu originario de la región norteña del país.

10 Espíritu apache

Fotografía: Umberto Carlos Morales.

La MET de fiesta

A una semana de iniciadas las actividades, llegó La fiesta al foro Octavio Trías. Esta obra, original del dramaturgo Spiro Scimone, consta de un conjunto de episodios ordinarios de una familia, cuyo estatus social y circunstancias nos son comunes. El espectador se adentra en el ambiente de una casa, en el espacio reducido de una cocina, donde presenciamos una combinación de acciones inmotivadas en las que se encuentran lo cotidiano, el sinsentido y la risa amarga, llevadas a cabo por Sebastien Lange, quien además dirige el montaje, Perla de la Rosa como La Madre y Christian Valenzuela, El hijo. Destacan en la puesta en escena dos elementos básicos: la presencia del absurdo y la desalienación. Respecto a lo primero, este tipo de teatro no pretende dar una impresión realista, sino explorar la angustia existencial del ser. El papel femenino es el mejor ejemplo, pues se caracteriza por la carencia de una historia sustancial y la presencia de situaciones estáticas, a tres pizcas del hartazgo. A pesar de que la obra guarda un argumento –un aniversario–, esta celebración se manifiesta como una acción inmotivada; es decir, aunque el objetivo del acontecimiento sea anunciado y largamente meditado, la fiesta fracasa. La desalienación, técnica desarrollada por Bertolt Brecht, involucra al espectador en la escena, revela el “esqueleto” de la representación para mostrarle que eso que ve parece realidad, pero no lo es, a través de un efecto de distanciamiento que puede darse a partir exacerbar los elementos clásicos: escenificación (duplicada con un zoom que se graba y proyecta gracias a las argucias, en vivo, de los técnicos de la compañía), actuación (representantes leyendo sus parlamentos, lo que los cosifica), recepción (abarcar a los asistentes, solo a unos cuantos, por medio de una apetitosa cena y su respectivo vino) y un lenguaje ajeno al simbolismo, que subraya el pozo sin fondo de lo cotidiano y conciso (repetido ad nauseam) con frases por todos dichas: ¿A qué hora llegaste anoche? ¿Ya no te gusta mi comida, hijo? La sal es dañina para la salud, entre otras. Sin duda, se trata de una propuesta siempre llena de sorpresas en la que cada escena consiste en un acuerdo entre los actores –quienes compartieron su experiencia durante el desmontaje– como parte del juego que el público vislumbró a manera de espectáculo. Al igual que Esa melancolía que le da a uno a veces, esta pieza transgrede el ámbito de lo risible para convertirse en una reflexión personal.

11 Fiesta

Fotografía de Umberto Carlos Morales

Una ciudad iluminada

Lights, de Edeberto “Pilo” Galindo, cubrió la penúltima noche de la MET en un juego de luces y sombras. Este espectáculo, producido por La Última Butaca, despliega el tema de la violencia, cuyo núcleo principal es el de una sociedad agónica como consecuencia de un mal común que convive en una ciudad donde se ha perdido la noción de verdad y asombro, y donde el amor surge solo como una trampa. La acción ocurre en dos espacios: la cárcel en la que se encuentra el criminal (interpretado por Rogelio Quintana, quien ya había aparecido en otras dos obras) y el apartamento de la abogada (Sandra Castañeda), ambos proyectados con imágenes a manera de cómic. Este recurso visual también aparece al principio y al final del montaje para ilustrar a una urbe que se vislumbra como la consecuencia material de la corrupción e ilegalidad. Lights muestra la manera en que la justicia y la ética son meras convenciones –al estilo de la novela negra– en un ambiente asfixiante, denso y lleno de incertidumbre. La luminosidad de la obra, presente desde el título, recurre a un juego de contrastes y tonos propicios para situar al espectador en medio de oscuros sitios citadinos. La música de fondo, como la de Moody Blues, también persigue un esfuerzo similar. Lights se relaciona con el teatro documental, pues, al igual que El caimán y los sapos, la historia se basó en un hecho real. Poco a poco nos enteramos que el caso que pone al límite a la jurista se refiere a un sicario acusado de una matanza masiva, primer eslabón del crimen organizado, donde la “logística”, como él llama, tenía para sí un justo lugar: “chivo expiatorio”. A fin de cuentas, el drama se basa en la tragedia colectiva; es decir, representa el desajuste de un ambiente común que ha sido afectado por situaciones históricas, políticas y económicas. La corrupción levanta la mano. De esta manera, el conflicto bien podría referirse al  asesinato en contra de dieciséis personas en Salvarcar o a cualquier otro atentado en lugares públicos (bares, cantinas, restaurantes) de Ciudad Juárez. La problemática social presente en la dramaturgia de Pilo y la puesta en escena de la compañía chihuahuense quede clara, pero también hay algo más allá de la violencia y que nos invita a los adentros. Nos referimos al cuestionamiento sobre la identidad, escenificado en dos momentos: durante el encuentro inicial entre la abogada y el preso, cuyo diálogo gira en torno a las distintas máscaras utilizadas por los ciudadanos; y cuando ambos comienzan a dudar uno del otro y llegan a la tambaleante conclusión de que “él/ella es diferente”. La importancia de Lights radica en mostrar una localidad que, según la experiencia del primer actor y las palabras de la directora Jissel Arroyo, a pesar de los intentos por mantenerla obscura, se recupera constantemente, con habitantes fuertes y unidos que la hacen “una ciudad con luz”.

12 Lights

Fotografía de: Umberto Carlos Morales.

En 14 minutos y 50 segundos

1939 Teatro Norte dio cierre a la MET con Kame hame ha, monólogo de Jaime Chabaud (2013). La historia se centra en Benito, apodado el Saiyajin, un joven delincuente de catorce años con siete cadáveres a cuestas, cuyo fuerte carácter, encarnado por Christian Valenzuela, concentra el epicentro de la trama. El trabajo conjunto del director, Abraxas Trías y actor supone un proceso creativo e inteligente para la puesta en escena. Durante 14 minutos y 50 segundos, tiempo que espera Benito para su asesinato en el reclusorio, reconstruye su historia y la de figuras circundantes. La biografía va de la mano con una coreografía de artes marciales (Wu Shu y espada), lo que justifica la referencia a la saga Dragon Ball Z, pues más allá de ser un simple código cultural, representa la vigorosidad de los jóvenes que son carne de cañón para los grupos delictivos. En ocasiones, la vigorosidad de los movimientos corporales turbó la narración debido a la dificultad de sincronizar, cuerpo, habla y respiración. Voces y gestos como los del Tijeras, el Perro o el Hules cobran vida a través de los lazos afectivos que tiende Benito con ellos, ya que, pese a su cinismo, también se turba y siente empatía, aunque se nuble por sus acciones. Víctima y victimario corean con descaro la letra de  Cartel de Santa: “Si te vienen a contar cositas malas de mí, diles que sí, que yo te dije que sí fui”. El aparato escenográfico opta por lo simple (tres rejas movibles, un costal de box desmontable, un taburete y un tapete) para que el protagonista se apodere del escenario. Esta misma función también la comparte el juego de luces que acompaña a los ágiles movimientos del muchacho. La puesta en escena de temas tan polémicos exigen una renovación de los diversos lenguajes que utiliza el teatro para expresar su mensaje. Nosotros como espectadores analizamos las posibilidades del surgimiento de diversos Benitos en diferentes ámbitos sociales o geográficos. Ciudad Juárez es un buen ejemplo. Al fin y al cabo, cualquier percance en nuestra infancia tiempo después prolifera. No en vano uno de los motivos para crear esta producción se debió al trabajo comunitario con niños que tienen los teatristas, sobre todo Valenzuela (él mismo lo aclaró en el desmontaje). Es decir, una vez más, igual que con El caimán y los sapos, el objetivo de estos montajes radica en la concientización social a partir de fenómenos reales y cercanos. El teatro sigue mostrando unos de sus propósitos esenciales: generar arte en la crítica y viceversa.

13 Kame hame ha

Fotografía de: Umberto Carlos Morales.

 

Reflexión final

Después de diez días llenos de magia, reflexión, risas y llanto, la MET en Ciudad Juárez llegó a su fin. Al terminar la última función, el domingo 13 de agosto, el jurado, constituido por Agustín Manuel Meza Vázquez, José Ruiz Mercado y María Evelia Kochen, dio a conocer a la obra que representaría al estado en la Muestra Regional de Teatro Zona Noroeste. Deconstrucciones o de cómo enterrar sin escarbar fue seleccionada debido, según la relatoría, al “arduo trabajo de laboratorio” y al “trabajo colectivo” de los integrantes, “quienes arriesgan explorando y poniendo su vida personal sobre la mesa de trabajo, para armar una dramaturgia que se percibe honesta y eficaz”. La obra suplente fue Espíritu apache, ya que a través de su historia se dignifica y se valora el teatro de títeres y marionetas. Además se asignaron cuatro menciones honoríficas: a Perla de la Rosa, como mejor actriz por su participación en La fiesta; a José Sandoval, como mejor actor por su papel en Pelones y pelucas; a Sebastien Lange como mejor director; y a “Pilo” Galindo como mejor dramaturgo por El caimán y los sapos. Ahora bien, antes de premiar a los galardonados, el jurado emitió una serie de recomendaciones para la organización futura del evento, respecto a la convocatoria: que existan dos categorías, una infantil y otra general; que cada compañía presente solo una obra para así dar oportunidad a otros grupos de otras regiones del inmenso Chihuahua; que las propuestas tengan un mínimo de dos años de estreno; se sugirieron también las muestras municipales; y, por último, eliminar la cláusula que impide la actuación de niños, situación que afectó de manera a Teatro Bárbaro y su San Sipriano. No obstante, sin duda, los resultados, más allá de la obra ganadora y las menciones, se relacionan con reflexiones –estéticas, sociales, familiares– que las doce puestas en escena generaron en el público que llenó cada uno de los espectáculos. La MET visibilizó y puso en contacto a una comunidad fuerte y sólida respecto a la actividad dramática que tenemos no solo en Juárez, sino en todo el estado. Ojalá –y siguiendo las recomendaciones del jurado– la competencia y convivio se extienda cada vez más para cumplir con el propósito esencial: mostrar el teatro que se hace en nuestro norte.

 

El equipo de Norteatro está integrado por: 

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