Tick… Tuck… (Corazón Mecánico)

Por Gunnary Prado

El amor no se puede pensar. No se llega a ningún lado cuando lo piensas. Es LA cosa impensable. No obstante, es uno de los temas que mayormente reflexiona la literatura, el arte, la filosofía, la ciencia, etc. El amor impensable e imposible es el tema de Tick Tuck (Corazón Mecánico) adaptación libérrima para teatro de Aida Andrade a partir de la novela “La mecanique du Coeur” de Mathias Malzieu con la dirección escénica y participación actoral de Marcos Malthoz, a quien, además, acompaña en la interpretación Hitzury Molina. Obra que se presentó el pasado viernes 17 de noviembre en el marco del Primer Encuentro Internacional de Cultura y Artes para la Transformación Social hacia el Buen Vivir que se celebró en la ciudad de Morelia del 9 al 19 de noviembre del presente año.

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La puesta en escena del grupo “Define Teatro” data del año 2011 y ha celebrado más de 80 representaciones en la Ciudad de México, el interior del país, en la ciudad de Morelia y el Estado de Michoacán. La novela en que está basada esta puesta, del escritor de origen francés, Mathias Malzieu, quien además es cantante de rock, compositor, director musical e integrante fundador de la banda “Dionysos”, se publicó en el año 2007. Posteriormente, en el año 2013, fue adaptada para un largometraje animado, dirigido y musicalizado por el propio Malzieu. Estrenado en español como “Jack y su corazón de cucú” recomiendo  su musicalización: Música de la película: “La mecánica del corazón”.)

Regresando a la puesta en escena, podemos decir que estos años de recorrido y presentaciones se observan claramente en la función en que tuvimos oportunidad asistir. Sin duda los actores, Malthuz y Molina conocen claramente la ruta que deben andar durante está obra. Un enorme acierto es la frescura que han conservado durante estos años. Seguramente se debe, sobre todo, a la actualización en el montaje, que de acuerdo con el director, realizan de manera constante. Eso, sin la menor duda se corrobora en la función que presenciamos. Además cabe destacar el trabajo de ambos actores, quienes mediante los recursos de la narración escénica y la caracterización de un personaje dramático nos comparten una historia muy sencilla en su tema pero muy compleja en su estructura: un niño ha nacido en la noche más fría del año con su pequeño corazón congelado, para asegurar su supervivencia la partera lo sustituye por un reloj de cucú. Esta condición peculiar lo marcará para siempre. En primer lugar tiene prohibido someterse a emociones demasiado fuertes, sobretodo debe evitar a toda costa enamorarse, ya que su corazón no lo resistiría. Después de un largo tramo de antecedentes llegamos al conflicto: como era de esperarse el amor aparece y, también, como casi siempre, no es fácil alcanzarlo. En la travesía que el pequeño Tuck debe emprender para alcanzar la realización de su idilio amoroso lo acompañaremos a un viaje a su interior donde debe reconocer quién es él, de qué es capaz, qué es el sacrificio, qué es la lealtad y qué sabe sobre el amor antes de poder realizarlo con alguien más.

La representación escénica de esta historia adaptada es sobria en sus elementos, apenas unos cuantos objetos de utilería (una maleta, un juego de sombrillas, objetos varios que juegan con distinta naturaleza, elementos de vestuario como sombreros, chaquetas) en un espacio vacío acotado, reducido y apoyado con una iluminación básica. Lo que sí juega de manera más compleja es la musicalización y el sonido ambiental, a cargo del propio Marcos Malthuz. Esta, por un lado, sirve de apoyo en la construcción de los distintos espacios que el personaje recorre y por otro, apoya los estados de ánimo y efectos emocionales que la puesta va encaminando.

Siguiendo la tendencia general del teatro que hemos presenciado en mayormente en nuestra ciudad, la obra está completamente cargada sobre los hombros de la interpretación actoral —sin querer entrar en una polémica sobre este tema, cabe mencionar lo vital de la pregunta subyacente: ¿estamos frente a una precarización de los medios de producción que impacta los sistemas de la representación (escenografía, vestuario, iluminación) dadas la reducción de los recursos financieros para el teatro?, o ¿realmente es una tendencia escénica legítima el descargar casi por completo la representación en los actores?— más allá de estas interrogantes estamos frente a un hecho que se repite una y otra vez: actores contando/mostrando una historia en un escenario vacío con la ayuda de objetos reciclados (es decir, el mínimo de veces estos objetos de utilería y atrezo son construidos deliberadamente para la puesta).

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Fotografía: Jesús Suárez Marin

Precisamente sobre el mostrar-contar de Tick Tuck (Corazón Mecánico) me gustaría detenerme un poco. El teatro por su naturaleza de arte vivo no cuenta, muestra. Es decir, los espectadores reconocen una historia a través de la acción dramática que es realizada por personajes que dialogan y accionan en un espacio frente a un público. Cuando en la puesta en escena observamos a un personaje-narrador o a varios personajes-narradores que interpelan directamente al público en el desarrollo de la acción dramática, la historia ya no nos es mostrada, sino narrada escénicamente. En esta modalidad el propósito es traer al presente algo que ocurrió en el pasado, casi siempre acompañando esta narración por un sistema de acciones físicas y gestos que enfatizan ciertos aspectos de lo narrado. En esta obra presenciamos una combinatoria de narración (cosas que ocurrieron en el pasado traídas al presente para el espectador) y representación (cosas que ocurren en el presente “por primera vez” frente al espectador). Y además vemos que existe una especie de equivalencia entre lo “mostrado-contado” y el contenido de lo que se “muestra-cuenta”. En otras palabras, parece ser de igual importancia, el contenido de la historia (Tuck y su búsqueda del amor) y la manera en cómo la están contando/mostrando (narración y representación). Esta equivalencia entre forma y contenido tiene por efecto una teatralidad artificial que por momento parece exacerbada. Pensemos en el caso contrario, cuando lo que importa es el contenido (en esta modalidad encontramos estilos como el naturalismo o el realismo) los mecanismos de la teatralidad (convención escénica, sistema estético, etc.) pasan “como invisibles” ante nuestros ojos, es como decir “no estamos en el teatro” esto realmente está sucediendo; o donde lo que interesa es la forma (aquí encontramos formas abstractas de la teatralidad contemporánea) donde el contenido es opaco, bien a bien no sabemos de qué trata pero todos los elementos del sistema estético son interesantes y seductores por sí mismos.

Regresemos nuevamente a nuestra obra, aquí el tema es altamente relevante, tanto a la autora como a los actores les ocupa de manera contundente que la historia sea comunicada, pero, al parecer, también los mecanismos teatrales mediante los cuales están comunicado su historia son altamente relevantes, y esto se observa en el acento que hacen a las tareas escénicas, la “presentación” de los variados personajes que “encarnan” dos actores, a las trayectorias espaciales y las elipsis temporales que van hilvanando los acontecimientos de la trama, etc. Hay en todo ello una gran ocupación, al grado de saturar.

La historia, conmovedora, engancha rápidamente al espectador; la ligereza con la que sobrellevan el trabajo actoral los intérpretes, resulta agradable; y aunque los actores se aceleran y trastabillan con su texto en varias ocasiones el público se complace del humor y la ternura de la obra. Caso singular es que al finalizar la función el público presente pedía “interlocución” con los actores. No sé de cierto sin el Encuentro había establecido la dinámica del diálogo con actores al finalizar la función, pero, en ese momento lo pedían. Me agrada pensar que el público vaya al teatro a pedir dialogar. Eso sería casi como regresar a los orígenes del teatro. Sería como recuperar su sentido primigenio: -El teatro es un lugar donde se ve. -¿Qué se ve? –A nosotros/as mismos/as.

Además de los participantes mencionados, la puesta en escena tiene como parte de su equipo a Vanesa Munguía como asistente de dirección. Si usted desea saber más sobre otras actividades teatrales de esta agrupación lo invitamos a que revise la página: Grupo Define Teatro

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