Mujeres de Arena – Marfil Teatro

Por Said Soberanes

Esta obra está dedicada a la memoria de Pável González, joven de 21 años, estudiante y luchador social asesinado en la ciudad de México el 23 de abril de 2004. ¡Contra el olvido y la impunidad!

Una vez más tuve la posibilidad de asistir a la función presentada en el marco de los Martes de Teatro en el Ocampo, que en esta ocasión nos presentó la obra Mujeres de Arena de la compañía de Marfil Teatro; dramaturgia de Humberto Robles, dirección de David Hurtado, contando con las actuaciones de Laura Camacho, Cinthya Bejarano, Eloisa Ríos y Estefany Torres y la asistencia de dirección de Daphne Ocariz.

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Fotografía por Said Soberanes

Haciendo uso de un probado y contundente texto de teatro documental, Hurtado nos presenta un ejercicio de interpretación cuyo mayor dificultad recae en el ritmo de la obra. Repleta de referencias cruzadas, de textos expositivos y formas poéticas literarias, el texto de Humberto Robles sufre por su falta de acción dramática, lo que lo hace una denuncia de alta intensidad, pero cansina de seguir por la hora y fracción que dura el montaje.

En términos técnicos, la obra resulta interesante por sus diseños y cuadros bellamente constituidos; el trabajo de iluminación es selectivo con los espacios de visibilidad, creando una atmósfera repleta de claroscuros pero con las áreas de actuación bien determinado, por lo que si bien es una iluminación diseñada para explorar las penumbras, no pierde nuestra atención por ello. Escenográficamente se apuesta por un espacio vacío que sólo se reconfigura gracias a la utilería en diferentes espacios escénicos que conviven en distintos tiempos.

La dirección de Hurtado es limpia en trazo y tiene 3 cuadros que me parecieron bellamente diseñados, del cual destaco solamente uno: El primero de ellos es el monólogo de la madre de Natalia, donde la atención del espectador se focaliza en dos frentes, por un lado el cuerpo de Natalia yace a los pies de su madre recordándonos la figura de La Piedad; por el otro y en contrapunto, un par de mujeres desgranan el maíz uno a uno. La declaración repleta de amargura de la madre, conjugado al ritmo sonoro que generan las actrices con el maíz genera un agobio patente. Es la cuenta casi interminable de 900 mujeres desaparecidas en Ciudad Juarez para 2004; mientras escribo esto, sabemos que cada hora y 52 minutos desaparece una persona en el país. Cada día, desaparecen 13 personas en este país.

Es la cuenta casi interminable de 13 personas desaparecidas día con día.

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Fotografía por Said Soberanes

La obra se sostiene fuertemente gracias a estas decisiones poéticas del director, que nos hace atender no sólo a las declaraciones concretas que suceden, sino al marco desde el cual son nombradas. Sin embargo, la estrategia plástica se agota demasiado pronto. El cambio de acción y el trazo escénico sólo nos llevan a un estadio más de la obra en un cuadro donde estaremos 7 u 8 minutos antes de llegar a un estadio más de la obra donde estaremos 7 u 8 minutos antes de llegar a un estadio más de la obra.

Las actuaciones tienen una estrategia que ya hemos visto en un par de obras de la ciudad que de igual manera tratan el tema de la violencia feminicida, es al parecer una forma afín en este tipos de trabajos: La búsqueda de una neutralidad actoral en un cuerpo medianamente tenso que entra sólo en puntos específicos en algún personaje bien diseñado (El monólogo monotonal de la madre de Natalia y los gritos desaforados de Micaela al ser violentada por tres hombres, por poner un ejemplo del contraste en esta obra), para evitar melodramatizar o revictimizar las historias que se narran. Esto evita el conmover, para intentar conmocionar. Encrudecimiento de la experiencia al despojarla de sus efectos conmovibles; y gracias a este encrudecimiento, conmocionar. Si bien, dirán algunos, que esta es una estrategia ya conocida; lo interesante es que se vuelva una constante en nuestra evocación de la violencia que latentemente nos amenaza e impacta.

Sin embargo, como en el poema de Miguel Guardia, En memoria de un niño difunto,

Yo no debería llorar ahora: lo que quiero
decir necesita una voz clara y potente,
una voz metálica, sonora, una voz
que no se deje quebrar por la emoción:
que no tiemble.
Pero ha muerto un niño, y siento como si alguien
estuviera arrancándome el corazón por la espalda.

Vimos en las actrices, personas cuyas voces se quebraban cuando la anécdota les tocaba de cerca, aún cuando la voz que se proponía era la neutra. ¿Cómo evitar conmoverse cuando a mí también esto me arranca el corazón por la espalda?

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Fotografía de Said Soberanes

La actividad en los Martes de Teatro en el Ocampo seguirá y trataremos de estar presentes en sus presentaciones.

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