Arturo Beristáin en Morelia

Por Jesús Suárez y Gunnary Prado

Presentación

El pasado viernes 27 de octubre tuvimos en la ciudad de Morelia la oportunidad de escuchar al reconocido actor y director de teatro, Arturo Beristáin, quien ofreció una “charla de teatro” en el Foro ECO. Este se encontraba en nuestra ciudad con motivo del Festival INVISIBLE, organizado por el Colectivo MAPP[1]. En esta charla de teatro ciertamente habló de teatro y también del arte de la actuación, de la formación teatral, de tal manera que al finalizar la charla habíamos (lxs espectadores participantes y Beristáin) abordado una infinidad de temas, desde la definición de persona hasta los innumerables problemas que azotan a nuestro país. A continuación queremos presentar a ustedes un resumen de los temas que Beristáin abordó en su charla, después compartimos la transcripción de una entrevista que otorgó a Sinestesia Escénica, de manera posterior a la charla.

Biografía

Arturo Beristáin,

Su carrera inició profesionalmente en 1968. Desde entonces ha participado en más de ochenta obras de teatro. Entre los directores de escena con los que ha trabajado se encuentran Julio Castillo, Héctor Mendoza, Luis de Tavira, Ludwik Margules y José Solé. Es hijo de los actores Luis Beristáin y Dolores Beristáin. Arturo, siguiendo los pasos de sus padres, estudió actuación en la Escuela Nacional de Arte de Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes. A partir del año 2016, forma parte del Sistema Nacional de Creadores en la categoría “Actores de Número”. Ha participado en gran cantidad de cintas como Los días del amor, El castillo de la pureza (por la que fue galardonado con el Premio Ariel a Mejor Coactuación Masculina), Actas de Marusia, Las poquianchis, Cuartelazo, María de mi corazón, Veneno para las hadas, Los vuelcos del corazón y Zapata, el sueño del héroe, entre muchas otras. En televisión ha intervenido en telenovelas como La gloria y el infierno, Senda de gloria, Atrapada, El candidato y Como en el cine, entre otras. Desde el año 2008 es miembro del elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro, que dirige Enrique Singer. En la misma ha formado parte de diversas puestas en escena como Los grandes muertos, Ser es ser visto, Edip en Colofón, Horas de gracia y Una vez más por favor, Conferencia sobre la lluvia, entre muchas otras. Ha incursionado en la docencia, en la radio y en la administración pública. Durante los dos años que duró su período como Director del departamento de teatro del Instituto de Cultura de la Ciudad de México, se produjeron más de ochenta espectáculos. En 2011 participó en el programa “Leo, luego existo” promovido por el INBA [2]

Charla

Tomando como pre-texto el manifiesto Hombres teatro de Jean Paul Sartre, hasta ahora inédito en español, donde el filósofo existencialista se cuestiona la pertinencia y viabilidad de un proyecto de escuela de teatro en el París en los años 40ª durante la ocupación alemana, nos invita a reflexionar en torno al arte de la actuación o el oficio de los actores y su condición ambivalente, refiriéndose a ellos como intérpretes e instrumento de la actuación (en oposición al músico, por ejemplo, quien es intérprete de un instrumento ajeno a sí mismo. Salvo en el caso de los cantantes, por supuesto); ante esta posición debe considerarse a lxs actores como una totalidad psicofísica. Es decir, el actor o la actriz es su propia materia humana para su propia interpretación, luego, la formación actoral se entiende como “poner al actor en posesión de todos sus recursos”, a decir del actor y director mexicano.

En la lectura en voz alta del texto que Beristáin nos compartió, sé escuchó la pregunta que se hacía el propio Sartre “¿qué es una clase de arte dramático?”, y que Beristáin replicó para la audiencia que le escuchábamos. Asimismo, sé afirmó que el pilar de la interpretación es la respiración, por lo tanto, debemos preguntarnos “¿cuál es el alfabeto de la respiración?”, ya que, la respuesta a esa pregunta nos encaminará a la técnica de la interpretación.

El actor y director mexicano explica que en el panorama teatral actual podemos observar dos tipos de interpretación, una que atiende la infinidad de personajes literarios y teatrales con los que se puede encontrar unx actor o actriz a lo largo de su vida artística; y otra más, que es la interpretación de sí mismo en distintos personajes. Ésta última está marcada por una fuerte falta de cultura de parte de los actores por lo que es conveniente formar el espíritu como se forma el cuerpo.

Además de la formación espiritual (o cultural si se quiere) y la formación del cuerpo, los actores deben comprender la función social de su labor. Dado esto, sé concluyó a partir del texto de Sartre que el arte de la actuación, más que formar actores, debe formar personas. Y en este contexto, el teatro no se puede resumir como una disciplina artística más; por el contrario, el teatro es una concepción del mundo. Hacia el final del manifiesto de Sartre escuchamos la siguiente conclusión: un proyecto de escuela de teatro es pertinente y hasta necesario porque es abrir y mantener un mundo cultural en medio de la barbarie.

Esta conclusión traída a nuestro contexto resuena abrumadoramente, ya que Beristáin encontró cierto paralelismo entre los grupos criminales del narcotráfico en nuestro país, comúnmente conocidos como sicarios, y la fuerzas especiales del partido nacionalsocialista alemán, conocidos como nazis; igualmente encuentra semejanzas en la diseminación de odio que hacía Adolfo Hitler y la que hace Donald Trump. Además, añadió que en nuestro tiempo de globalización nunca habíamos estado más presos de la barbarie, por lo que resulta pertinente y necesario fortalecer las escuelas de teatro, siempre y cuando cumplan esta función de forjar un mundo cultural y formar personas.

Tal parece que lxs artistas forman parte de los últimos refugios de un proyecto de realidad posible. Sin duda no pierde de vista la crisis mundial del teatro. Confirma lo que todxs de alguna manera ya sabemos, esto es, que la escasez de público, financiamiento y atención al teatro no es asunto exclusivo de nuestro entorno mexicano, sino, es un panorama de índole mundial: en todos los rincones del planeta lxs espectadores son cada vez menos, y resulta cada vez más evidente “que hacemos teatro para la gente de teatro”.

Después de todo esto que se discute más ampliamente, Beristáin propone como única alternativa al mundo de barbarie que nos ha tocado, la educación y el arte; particularmente, entre los artistas debe imponerse la pregunta de “¿cuál es el primer planteamiento cuando decido ser artista? Ser mensajeros de la verdad.”

La entrevista

En la entrevista que otorgó a Sinestesia Escénica, el actor nos habló un poco sus orígenes en la actuación:

“Pertenezco a una familia de actores: desde mi abuelo “El cuatezón” Beristáin, mi padre Luis Beristáin, mi madre Dolores Beristáin, mi hermano que es un fotógrafo de cine muy importante, tíos por parte de mi madre que fueron empresarios, escritores, vestuaristas de la primera mitad del siglo XX. Entonces formar parte de una familia de actores siempre me tuvo muy cerca del teatro.”

Y recalca, “… básicamente lo que me hizo tomar la decisión fue ver a Ofelia Guilmain en Medea en el año del 64, con la puesta en escena de Pepe Solé, donde mi madre era uno de los personajes del coro de la tragedia griega… Ese fue el click que hizo que decidiera dedicarme a la actuación, aunque estaba estudiando música en el conservatorio de la Escuela Nacional de Música. Estudiaba piano y violoncello. Pero fue el acercamiento con Ofelia Guilmain y el teatro griego lo que me hizo tomar la decisión de entrar a la Escuela de Teatro y luego iniciar mi carrera.”

Viendo, entonces, cómo fue que el contexto cultural y familiar que rodeaba al actor lo impulsó a adentrarse en los caminos del arte escénico, se le preguntó sobre cómo cree que es posible generar un entorno de esas características en nuestra sociedad actual, a lo cual respondió: “… no sólo es una obligación del estado, también se puede hacer con grupos que siendo independientes por un lado están trabajando en expresarse, pero por otro lado en comunicar. En comunicar ideas que pueden transformar nuestra realidad de verdad, [no sólo en el discurso], sino haciéndolo. Viéndolo…”

A lo cual señaló también la situación del programa de teatro escolar: “…Era importante en una época el teatro escolar. Y luego se volvió una corrupción entre maestros y promotores y se convirtió en un negocio personal cuando era una obligación llevar a los niños al teatro, no ponerles un punto si llevaban el boleto en la mano.”

Ya entrados en materia, charlamos un poco sobre el panorama actual de la actividad artística en nuestro país, donde en ciertos casos la determinación económica no pareciera ser una limitante para acercarse a estas actividades, sino más bien una falta de interés:

“¿Cuántos libros crees que leen en el país al año?… Medio libro por habitante. ¡Al año! Y peor, ¿qué libro? Esto va variando, se alcanza un libro o libro y medio, y luego baja o sube, pero ese es el nivel. ¿¡Al año!? ¿¡En 365 días la gente lee medio libro!? ¿Por qué va querer ir al teatro sino tiene la menor idea de lo que es la cultura, la literatura…? ¡No tienen la menor idea! Sus referentes culturales son a través de los medios electrónicos: la televisión, o eventualmente el cine… O las redes sociales. ¿Cuántas veces crees que toma un celular alguien al día?… ¡Mil! ¡Mil veces está conectado a un teléfono! ¿A qué hora duerme, a qué hora come, a qué hora investiga, a qué hora lee? Entonces, ¿cómo luchas contra eso? En ese sentido, el que no quiere leer un libro en cinco pesos es caro: << es que los libros son caros por eso no leo>> << es que el teatro es caro, por eso no voy>>. ¡No! Es que no quieren leer y no quieren ir al teatro. Entonces el contexto es nuevamente de educación, de cambiar el paradigma… Y sólo lo vamos a poder cambiar con los niños. Ya los adultos no van a cambiar, o quizá sí, pero yo digo que va ser más difícil.”

Se decanta así el complejo problema de la educación, donde la situación paradigmática central no estaría en la forma de abordar y construir un sistema educativo, sino más bien en la experiencia a la cual tal sistema volcará a aquellos educandos. Si bien los niños están en un proceso receptáculo y comprensivo de la cultura y por ello Beristáin pone tanta fe en ellos, también habría que pensar en que las generaciones adultas requiramos de otros modelos para resignificar nuestras cultura presente e inmediata. Algo que nos motive a una nueva experiencia de nosotros mismos y de lo otro. Pero, ¿cuáles? O, ¿cómo?…

Quizá el arte… (?) ¿El arte se tiene que tratar como un objeto (comercializable, un artefacto estético) o como una experiencia? A lo que apunta el actor: “…El arte es una experiencia… ¿Se puede comercializar? Pues sí, se puede comercializar… Mark Rothko, un pintor abstracto de los 50, hizo unos cuadros que son una especie de ventanas, son unos rectángulos, y tú dices <bueno, cualquiera pinta ese cuadro, ¿no?>. Pero si lo ves el cuadro de cerca y con detenimiento casi te diría que se convierte en una experiencia mística… Pero el vendió cuatro murales para el edificio Seagram, en Nueva York, y los japoneses le pagaron dos millones y medio de dólares por estos cuatro paneles. Y entonces fue a cenar al restaurant del edificio donde estarían los paneles […] y le llevaron un plato de sopa. Dijo <¿¡esto paga la gente en este edificio por un plato de sopa!?> A lo cual afirmaron y el pintor inmediatamente ordenó quitar los cuadros. <Quien es capaz de pagar esta cantidad de dinero en este restaurant, no va ver mis cuadros>. Y les regresó el dinero […] Es decir, ¿qué era lo importante para él? ¡No la comercialización de su arte! Sino la experiencia mística que podía revelar esa pintura. Pero quién iba cenar a ese lugar, a esos niveles, no iba a ver los cuadros ni a tener una experiencia mística”

Para este momento, se asoma el viejo fantasma, ¿qué es lo bello en una obra de arte? ¿El objeto mismo o la experiencia a la cual este nos lleva? O acaso, ¿todo es bello? ¿Todo es artístico? ¿Qué hace peculiar al arte? Comenta Beristáin: “ […] Donde todo es teatro, nada es teatro. Y, entonces, sino hay paradigma, volvemos a la teoría del referente. Bueno, y ¿qué es lo que nos hace pensar que esto es una obra de arte y esto no? ¿Cuál es el parámetro? […] La teoría del referente nos dice que hay ciertas cosas que en general a todos nos conmueven o eso de lo que Rothko llamaba <la experiencia mística con el arte>. ¿La Capilla Sixtina es arte?… Si le preguntas a todos nos dirán que sí, y entonces ahí tenemos un referente para saber qué es arte y qué no. ¿La Novena Sinfonía de Beethoven nos conmueve a todos? Pues en general sí: el canto a la alegría con el poema de Schiller al final y la orquesta, el coro, la voz humana… Bueno, ahí hay un referente que nos dice que eso es arte. Ah, pero cómo vivimos en un tiempo posmoderno [el actor hace ruidos y grasnidos] <¡Es que es arte, pero tú no entiendes!>. Pero es arte posmoderno porque ya todo está permitido, pero, ¿cuál es el referente para saber si eso es o no es arte?”

¿Tiene el arte contemporáneo, entonces, una pérdida de preocupación por la experiencia? ¿Simplemente se preocupa por la pura forma del objeto? A lo nos responde Beristáin: “No lo creo… Depende de cuál y a cuál nos estemos refiriendo. Ligeti, aunque su música no es fácil, sí es completamente conmovedora, o los grandes pintores expresionistas abstractos de la mitad del siglo XX en Norteamérica o en Rusia. Pero también hay mucho charlatan del arte, entonces se convierte como un objeto de mercancía donde lo importante no es el hecho artístico sino la repercusión. Entonces se agota en sí mismo. El problema del contenido y la forma: no hay estilo sin unidad. Los seres humanos tenemos un sensor que nos avisa de cuándo debemos tomar agua, se llama sed; tenemos otro sensor que está en la piel cuando algo nos conmueve, si algo te conmueve entonces está comunicando y te está diciendo cosas que llegan a tu alma y que te van a transformar. Lo otro es esnobismo.

Para terminar la charla con Arturo Beristáin, nos deja un mensaje el actor a todos los que deambulamos por las sendas del teatro: “El teatro mexicano siempre está en momentos de transición, afortunadamente. Su carácter efímero es lo que lo mantiene vivo. El que sea un arte hecho a mano, en vivo, es lo que lo salvó del advenimiento del radio, del cine, de la televisión, las computadoras y las redes sociales. ¡Porque es en vivo! Mientras haya seres humanos que escuchen, habrá teatro. Y, Luis de Tavira, que creo que es uno de los hombres que más sabe de teatro en el país, vivos, tiene una serie aforismos y hay uno que dice que hay dos tipos de actores en México [quizá se podría aplicar al actor en general] <el actor en formación y el actor en deformación>. El que no está trabajando en su dojo todos los días sobre sí mismo, en el trabajo de su visión del mundo y en la observación de la realidad para transformarla y llevarla a un escenario, es un actor en deformación. Entonces sólo hay dos: el que se forma todos los días y el deja de formarse.”

 

Debemos celebrar tener la presencia de artistas de la talla de Beristáin en nuestra ciudad. Agradecer su accesibilidad y honradez para charlar con los jóvenes y hacedores de teatro en Morelia. Pero más que nada debemos valorar el mensaje que nos han traído.Sin duda la pregunta por la función social del teatro o del arte en general sigue abierta, ¿usted qué piensa?

[1] Colectivo MAPP es un grupo de artistas escénicos emergentes de reciente formación, que radica en la Ciudad de México, con una búsqueda constante por ser una iniciativa de creación autosustentable en la exploración e investigación de los campos en los que habita, y puede habitar, el cuerpo. Aspira a ser una plataforma incluyente de ideas y personas que posibilite más formas de organización y comunicación. Sitio de interés: Facebook/ Fanpage/ Colectivo MAPP.

[2] Fuente: [INBA- CNT/ Elenco Estable/ Actores de Número/ Arturo Beristáin] Última consulta: 13 de noviembre de 2017 a las 15:39 hrs.; y,  [https://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_Berist%C3%A1in] Última consulta: 13 de noviembre de 2017 a las 15:12 hrs.

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