Arrullos para Benjamín. Colectivo Zirahuén. Nayarit.

Por Yamel El Mosri

Un pequeño grupo de gente se amotina a las entradas del teatro Ocampo… – Inicio así porque me parece grave que sólo haya un pequeño grupo de gente a la entrada de un teatro céntrico y con capacidad hasta para 400 personas – Así va mi pensar: las puertas del teatro se abren tarde, sabiendo que los técnicos del Ocampo procuran hacer entrar a las personas al menos diez minutos antes de la función, me dejan saber que están terminando de afinar detalles, lo que me hace pensar que la logística del evento no es la mejor; me río de mí misma con este último pensar. Mientras voy entrando al recinto, recuerdo el pendón de publicidad y entro al teatro un sábado 23 a las 6pm, cuando la publicidad dice que esta obra es el domingo 24 y si me enteré fue porque indagué en el muro de Facebook de algunos colegas para conocer la programación ¿qué no está apoyado este evento por chorrocientos estados y una universidad pública con un departamento de difusión? En fin… ¿alguien no quiere que la gente se entere que hay teatro, y a decir de algunos jurados, el mejor de la región?

Sé que soy mujer de poca paciencia y mi límite juega cuando hay celulares sonando, niños gritando/llorando, gente platicando… Si, con la función iniciada. Hasta alcanzo a ver que cierto personaje importante de la escena moreliana agarra valor para hablar más fuerte y pedir silencio a un grupo de jóvenes. Lo menciono porque la audiencia, aunque parezca estúpido volver a mencionarlo, juega un rol importante en el teatro, y su distracción permea lo que se hace en el escenario ¿o será que lo que hay en el escenario no es suficientemente digno de su atención? Esto último con una inocente ironía.

Comenzamos con la obra, lo primero que veo al entrar al Ocampo es una escenografía: una estructura de metal y madera ocupan la mayor parte de mí visión, dos lunas (que pudieron tener más atención en su pintura), focos que semejan las estrellas, e instrumentos musicales – ¡Yei! –pienso- música en vivo.

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Fotografía Colectivo Zirahuén

Me parece que la escenografía planteada, a cargo de Juliette Mallen, no les ayuda visualmente. Durante la obra, la estructura jugaba a veces de casa, de lancha, o de cama y les servía a los actores para construir sus atmósferas, sin embargo, de este lado se veía amontonado, y sumando que había construcciones similares para los músicos, se volcaba en demasiada estructura.

La música en vivo me parece siempre un privilegio que no siempre nos damos, un gustito que, cuando está en comunión con la obra es una exquisitez. ARRULLOS PARA BENJAMIN del colectivo Zirahuén, representando a Nayarit, no fue la excepción, el efecto sonoro que logró permear la atmósfera, tenía un efecto bastante acertado, apoyaba a la atmósfera y a los personajes, salvo algunos momentos que considero errores técnicos, donde el audio no dejaba oír la voz de los actores.

El trabajo de los actores (Dulce Santiaguín e Irvin Alonso) me pareció acertado y cuidado. El personaje de Benjamín, interpretado por Dulce Sartiaguín, en varios momentos sorprendió al público por su arriesgado arrojo con el cuerpo y se ganó las lágrimas de algunos espectadores con ése último “papá”. Pude escuchar algunos llantos correr alrededor de mi asiento al final. Y sumando a lo que hay que trabajar: a los dos actores les hace falta trabajo vocal (como a muchos actores en México), pues en varias ocasiones no pude escuchar algunas palabras, y como mencioné anteriormente, el efecto sonoro alto – no controlado debidamente desde cabina-, no apoyaba a la carencia vocal.

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Fotografía Colectivo Zirahuén

Dentro de la dirección escénica, llevada a cabo por Karla Georgina Ruiz Macedo, puedo alcanzar a distinguir que se construían imágenes poderosas en momentos, y otras que pueden mejorarse. Las escenas arriba de la estructura/casa me parecieron las mejor logradas.

La dramaturgia que he tenido el placer de leer y/o ver de Hasam Díaz (Arrullos para Benjamín y Elena sabe a dulce) toca temas profundos, dolientes y pertinentes. Sin embargo, me parece que le hace falta madurar su escritura. Alcanzo a percibir poca estructura y vacíos en la historia principal. En el caso de Arrullos me parecía que el meollo del conflicto, la filigrana, lo que te mantiene al filo de la silla; carecía de sustento y fuerza, como si sólo a la mitad del montaje fueras comprendiendo de qué va la obra y qué es lo que te quiere decir.

Asumo que todos nosotros, jóvenes, como también percibí al colectivo Zirahuén, nos encontramos en este camino hacia el perfeccionamiento de nuestro trabajo escénico, y siendo yo también una aprendiz constante de la vida y el teatro, les comparto los sentires y pensares esperando sean bien recibidos y sepan que lo entrego de corazón.

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Fotografía Colectivo Zirahuén

Otros créditos no mencionados:

Livier Olvera – músico

Hugo Zepeda – músico

Técnica y diseño de imagen: Lorena Ruiz

Técnico en iluminación y audio: Carlos Alberto Edu

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