Ixtab, caminando por los aires. Teatro Kalipatos. Guanajuato.

Esta obra fue un acontecimiento inesperado. Repleta de figuras simbólicas que entremezclan el pasado prehispánico, la construcción explícita de una condición de lo femenino, la lucha contra las violencias machistas y una reflexión sobre los límites de lo admisible en la dimensión de lo vivo, la obra de Ixtab es un golpe muy certero en contra del silencio y la indolencia que se vive diariamente en la sociedad mexicana.

Acompañada de dos excelentes músicos, Eugenia Cano (directora y actriz de este montaje), nos cuenta la historia de Barbaciana, una niña que recuerda a su madre, su unión a través del amor y la tradición, su suicidio, los motivos de éste y su relación personal con dichos motivos.

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Foto por Said Soberanes

La distribución del público en el escenario del teatro Ocampo, lo que redujo el número de espectadores a unos 35 ó 40, creaba un espacio íntimo que se adecuaba más a la intención ritual que caracteriza al montaje, aunque creaba un problema de isóptica que ya mencionaremos.

La música prehispánica no sólo acompaña en ciertos momentos ritualizados, sino que funciona en distintos niveles de la experiencia escénica, siendo uno de los grandes aciertos del montaje.

Cano comienza esta narración haciendo uso de herramientas rituales (la transformación del cuerpo por medio de un acto de transición, el uso del maíz como objeto mítico, y los textos casi místicos), esto focaliza la intención de la obra de hablar de la transformación necesaria en una mujer para elegir el suicidio como una opción válida para confrontar a la realidad. Desde la primera escena, sabemos que presenciaremos un rito iniciático.

Para entender los motivos que validan un suicidio, que lo distinguen de un gesto pecaminoso para volverle un acto heroico ante la ignominia, necesitamos saber de dónde se viene, por lo que los episodios donde se cuenta la relación con la madre resultan fundamentales, de los que rescato el mito de la siembra del maíz, donde hay que abrir a la tierra (que es mujer) para insertarle una semilla; en esta narración, la historia deja en claro la violencia experimentada en el acto de preñar a la tierra, acto que hará eco en la violencia perpetrada tanto en madre como en hija más adelante en la historia.

Entremezclada entre momentos de narración (Cuan tierna la historia de estrechar lazos es), gestos rituales de enorme presencia que rememoran al teatro antropocósmico de Nicolás Nuñez, y actos que tratan de agravar la certeza de que estamos viendo la decisión de un suicidio; la obra avanza con la historia, creando con eficiencia los motivos, el contexto y la decisión de acabar con la vida propia.

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Foto Said Soberanes

Una obra inteligente con muchísimos recursos para contar su historia; sin embargo, el dispositivo escénico no tenía amabilidad con los espectadores que nos encontrábamos en tercera fila, pues mirar lo que sucedía se volvía imposible dada la localización de las butacas; y aún cuando los recursos hacían dinámica la narración, también volvían crípticos y confusos algunos momentos, perdiendo a ratos el ritmo.


“No aguantó 3 soldados”, dice el personaje de Barbaciana, “otras aguantan más”; cuando tu propio cuerpo deja de pertenecerte, cuando se vuelve evidente que sólo eres un instrumento o una moneda de cambio, los motivos para aguantar se vuelven diáfanos. ¿Para qué existir cuando resistir no genera un cambio? ¿Cómo generar un cambio? Ante la fragilidad humana y su crueldad, los cuerpos vejados y agredidos insistentemente sólo pueden encontrar dignidad en el acto heróico del suicidio.

Parece una conclusión escandalosa. Lo escandaloso es que estemos orilladxs a tener que discutir esto. Mujeres agredidas, violentadas, violadas, asesinadas, torturadas, insultadas, acosadas, atormentadas, privadas de su libertad, (estadísticamente todo esto realizado por hombres) es la cotidianidad de la vida en México; ¿cómo les demandamos que sobrevivan si no las dejamos existir? ¿Cómo le pides a alguien que acepte la vida que le destruyes?

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Foto Gerardo Flores

La obra me hace cuestionarme dolorosamente sobre esto y vale la pena preguntarles a ustedes, ¿qué opinan?

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