Alebrije – Colectivo Luna Llena

En uno de los pocos foros independientes que se mantiene insistentemente haciendo teatro de pequeño formato, como es el Foro, se presenta la obra del Colectivo Luna Llena, Alebrije #elamoresamigodelalocura, de mano de su directora Alba Hernández y con la actuación y dramaturgia de Alex Aviña y Ricardo Robles. Todos los miércoles, a las 20:30 Hrs.

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Fotografía por Said Soberanes

Alebrije sigue una linea argumental que continúa abonando sobre un trabajo simbólico que ha realizado Alba Hernández desde su primera obra, Las insumisas (2014); esto es, la búsqueda de lo innombrable, de lo abyecto en los cuerpos que comparten con nosotrxs en escena. Sin embargo, mientras que en obras como Leviatán (2015), Hernández organizó el dispositivo para hacer patente lo que socialmente se preferiría fuera de escena – Hacer patente lo otro, lo invisible, lo obsceno -; en esta obra, el ejercicio surge de traer y hablar de lo ausente, de lo que queda detrás del escenario, para hacerlo aparecer en tensión.

La obra Alebrije consiste en dos monólogos que no se conectan narrativamente, acontecen contrapuestos, esperando sencillamente ver lo que emerge de ahí, aún cuando en su particularidad, ambos funcionan medianamente como relato, la realización escénica parece deslocalizar su función de cuentahistorias por la de productora de una experiencia encarnada.

El primer monólogo – Escrito por el actor, Alex Aviña, después de un proceso de laboratorio – nos relata la historica de cómo una drag queen se convierte en Ella; para relatarlo, Aviña prescinde de la espectacularidad que un show drag trata de tener, como lo realiza desde hace tiempo con La felix y la trevis, sino que muestra a la drag en su estado embrionario: Vestido con las mallas para cuerpo y cabello, y sólo maquillado, la figura se encontraba desnuda, desprotegida por evitar protegerse en ese aire de grandilocuencia escénica, corporal y espectacular que supone estos shows.

Desde esa desnudez, Aviña exhibe los vicios y los malestares que suponen ser un hombre que se asume mujer desde la dimensión patriarcal de lo mexicano. El machismo, la violencia de género, la exclusión social que se ejerce sobre su identidad, pero que ella misma puede ejercer sobre las otras; la relación de amor y odio con la dimensión de lo religioso presentada de manera precisa en guiños escenográficos que resultan ser fundamentales para el desarrollo de la obra.

Al rechazar el donaire de ShowBiz, al forzarse a empobrecer al personaje de la drag, Aviña nos obliga a encarar lo humano que radica en el fondo de un mundo considerado como frívolo en el imaginario colectivo. Sin embargo, me parece que en esa exposición casi etnográfica hace falta un posicionamiento ético, político y explícito por parte del dramaturgo/actor. Muchos de los momentos se antojan mucho más intensos en términos éticos, pero que sólo presenciamos de paso.

Lo que en este cuadro queda fuera en términos escénicos es lo que ser drag se cuestiona – ¿Cómo volverme mujer? – Y sobre esa ausencia es que nos entrega una respuesta dura, pero que pudiera ser mucho más devastadora.

El siguiente monólogo, actuado y escrito por Ricardo Robles, es un golpe en la boca del estomago que antes de que te des cuenta ha terminado. Aquí se relata la historia de un hombre/pingüino que idolatra a su esposa y que la busca desesperado. La mujer ausente funciona como motor para pensar lo que esa mujer implica y vive cuando está presente.

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Fotografía por Said Soberanes

La idea de estar en la historia de un hombre pingüino, en términos simbólicos, nos llena de principio de una simpatía patente, la ternura que los gestos y el habla de Robles generan nos impide prepararnos para lo que una idolatría significa, lo que una idolatría de la mujer amada supone.

La contraposición marcada de generar una profunda simpatía y ternura sobre la personalidad del personaje (valga el retruecano), con las acciones desalmadas y violentas que narra, generan una metáfora de lo infame. Al hacer visible esa dimensión de la que hablaba al principio de este texto – Lo innombrable, lo abyecto, lo obsceno -, en una corporalidad que no dejamos de asumir como dulce; la metáfora se refuerza al imposibilitarnos resolver el conflicto.

El conflicto deja de encontrarse en la escena y se convierte en el nuestro: el de aceptar ese cuerpo, de aplaudir sus bromas y sus comentarios, una vez que se exhibe toda su crueldad.

En este país, donde las figuras públicas hombres que cometen un delito son perdonadas públicamente por asumirse como personajes de lo público. El esfuerzo de Alba y de Ricardo radica en evidenciar lo incompatible del suceso y encarnarlo ante nuestros ojos. La indolencia con la que justificamos al personaje del pingüino, que asumimos su mirada y su grotesca sinceridad, es angustiante. Tomarse el tiempo de hacer aparecer esa emoción, es un gran acierto.

La actuación de Alex Aviña y de Ricardo Robles es de gran precisión y el formato ayuda a apreciar muchos detalles de su ejecución. Alba Hernández ha aprendido a tomar el formato del género menor como se practica en esta ciudad y hacer una obra que consistituye su propio género.

Alebrije se seguirá presentando en El Foro, los miércoles de septiembre, a las 20:30 Hrs.

 

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