Pequeño Inquilino – Catexia Teatro

Para buscar un “teatro posdramático”, es decir, un teatro donde la autoridad creativa no recaiga en el texto dramático, no es necesario explorar en las actividades con poéticas abyectas y obscenas; aún cuando es desde hace más de 30 años una moda de los performanceros, no es la forma por antonomasia.

Hace ya algunos días, por motivo de la Inauguración de la MET 2017 Michoacán, Gunnary preguntaba – ¿Dónde está el teatro moreliano que prescinde del texto? – y yo quisiera exponer un caso que si bien no ‘prescinde’ del texto, sí lo defenestra de su lugar en el proceso creativo. No es lo que esperaría uno como el ejemplo radical que supongo se espera de una pregunta tan provocativa.

Este ejemplo es la obra “Pequeño Inquilino” escrita y dirigida por Teresita Sánchez, que se presenta en el foro La Ceiba, los días 1 y 8 de septiembre a las 19 Hrs. Contando con las actuaciones de Nora Lucía Díaz, Elphis Corrales, David Hurtado, Jessica Zambrano y Tzitziki Villicaña, de la compañía Catexia Teatro.

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Fotografía Said Soberanes

En el drama, en tanto que drama, pocas cosas suceden: Ana (Nora Lucía), una niña de no más de 10 años, y su grupo de juego experimentan y discuten sobre lo que el amor significa. No existe un conflicto fuerte que sirva de cimiento. Sólo gestos amorosos. Uno pensaría que esto haría de la obra un ejercicio débil, pero todo lo contrario sucede.

Las actuaciones son jubilosas, están repletas de energía, y aún cuando el trabajo de David Huratdo a veces se siente trillado en los tonos infantiles, y las actuaciones de Tzitziki y Jessica suelen ser tan neutrales que nos cuesta acceder y aceptar la ficción, es visible que el diseño de dirección no depende de ello, sino estrictamente de lo que estos cuerpos hacen en el espacio escénico.

Decidiendo usar el espacio vacío y un par de objetos de utilería, con vestuarios de tonos pastel que alegran la vista, la obra de Teresita apuesta por la libertad que surge de los juegos, de los lazos que en los juegos se van desarrollando. Si la obra de Flaviana nos habló de la infancia retraída, podríamos pensar que el trabajo de Teresita explora la infancia socializada, donde los lazos construidos al jugar no se funden en el conflicto sino en el amor.

Fuera de la tercera escena, donde se escenifica la lucha por la vida de una muñeca amada por todas, el resto de los juegos en escena tratan de construir el reconocimiento de lo sucedido en escena sin ejercer violencia contra ningunx de lxs integrantes del convivio escénico.

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Fotografía Said Soberanes

Hago un pequeño paréntesis que me permitirá ahondar en mi reflexión sobre esta obra:

Hace un par de meses, la actriz y directora Micaela Gramajo compartió un manifiesto producto del Seminario Internacional de directores 2017, organizado por la ASSITEJ (Asociación Internacional de Teatro para Niños y Jóvenes), denominado Nice Directors’ Manifesto; en él se habla de emancipar a la dirección de escena del patriarcado y el capitalismo neoliberal ejerciendo un trabajo amable, bueno (nice), tanto con nuestro equipo de trabajo, como con otros grupos y artistas, como con nosotrxs mismxs. Es un ejercicio que busca romper con estructuras autoritarias rígidas y mistificaciones violentas sobre lo que ser director(a) significa (N.E. – El texto será compartido en nuestra página de FB).

En ese sentido, Teresita Sánchez lleva a cabo en la escena las metas que este manifiesto expone. Su amabilidad para compartir una idea, para estructurarla en escena, es un gesto vivo de que hay otras formas de hacer teatro, de que hay más vías que las del estado o las del mercado.

Frente a la catarsis aristotélica, que comprendo como la capacidad de la obra de redimir al espectador de sus pasiones al verlas reflejadas en otro, como un desprendimiento de dicha emoción al cotejarla con alguien más, pienso que el trabajo de Teresita Sánchez y Catexia Teatro necesita otro concepto para pensarse, un concepto que pueda dar cuenta del carácter propio de esta promoción de la salud colectiva y del crecimiento social, pero que no olvide la relevancia de ejercerlo de manera interpresonal, desde un tiempo-espacio común.

De aquí que me remito a los trabajos de Teoría del Cuidado y Ciencias del Cuidado de la teórica y enfermera Jean Watson, que concibe al momento de cuidado como un espacio donde dos campos de percepción (El de quien cuida y quien es cuidado) se interconectan y se relacionan definitivamente para el futuro, de modo tal que sus campos individuales se trascienden. No estamos ante un ejercicio preventivo de protección y curación, sino ante la dedicación hacia el bienestar del (de la) otrx, que sólo puede realizarse interpersonalmente.

Yo pensaría pues que la realización escénica de Pequeño Inquilino no es teatro dramático, sino es un ejercicio posdramático del arte del cuidado. Un teatro del cuidado. Por ello, el mayor problema que puede tener la obra nos lo mostró durante la función un niño de 3 años que veía la obra con ansiedad: Él quería participar, él quería ser parte del acto de amor que estaba sucediendo frente a él, pero su madre le instaba a sólo mirar: ¿cómo incluirlo si los muros de la cuarta pared no se derrumban de manera definitiva?

Invitarles de nuevo a que vayan a foro La Ceiba, el 1 y el 8 de Septiembre a las 19 Hrs., a ver este trabajo tan amoroso que nos regala Catexia Teatro.

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