Nadie se va… Monólogos desde el encierro

Está en temporada la obra Nadie se va… Monólogos desde el encierro de Lucía Leonor Enríquez con la dirección de Juan Velasco en el Foro Eco de la Asociación teatral Contrapeso. Yo tuve la fortuna de participar de la función del lunes 21 de agosto. Quiero compartirles mis sinceras impresiones.

20449193_832007023641088_4048801049061300065_o

La pieza teatral en cuestión es una consecución de monólogos basados en historias de la mitología griega. Al indagar sobre el contenido de los mitos que se evocan en esta versión teatral tropecé con el problema al que siempre se enfrenta la tradición frente a los mitos: ¿cuál mito? Porque los distintos textos del mito no son el Mito y sin embargo todos esos textos lo componen.

La tradición mitológica griega ha llegado a nosotros gracias un número más o menos acotado de fuentes. Claramente los cantos épicos de Homero, la Iliada y la Odisea, son fuentes primordiales; también la Teogonía y Los trabajos y los días de Hesiodo; sin duda las obras conservadas de los poetas trágicos, Esquilo, Sófocles y Eurípides son origen de las versiones teatrales, literarias, cinematográficas, innumerables adaptaciones y actualizaciones de los mitos de la Grecia antigua.  Por supuesto la recuperación histórica y literaria de Ovidio en La Metamorfosis, la obra más importante de la literatura latina permitió al mundo medieval y renacentista recuperar los mitos para la modernidad.

Luego, si el Mito no está en los documentos, sino que son las múltiples versiones que se dan en torno él, principalmente en la tradición oral, y reducidamente recogidas mediante los textos antiguos ya mencionados, cabe preguntarse si en la obra de Leonor Enríquez dirigida por Juan Velasco, ¿sí estamos frente a Galatea la ninfa que era deseada por Polifemo el cíclope? o ¿sí es Scilla (Escila) la ninfa convertida en monstruo marino por la hechicera Circe por celos del amor de Glauco?, y ¿Niobe, esposa del rey de Tebas que orgullosa de su poder y sus hijos retó a Apolo y Artemisa provocando su ira y en consecuencia el asesinato de todos sus hijos? , o ¿Lamia, amante de Zeus, inducida por los celos de Hera a matar a sus hijas y convertida en monstruo por la pena, condenada a no poder cerrar los ojos, de modo que estuviera obsesionada con la imagen de sus hijos muertos?, finalmente, ¿sí es Mirra o también conocida como Esmirna, la hija incestuosa que procreo a Adonis con su padre? Todas ellas ninfas de la mitología clásica que se retoman en la obra de teatro.

Pero las voces de la obra no son precisamente estos personajes mitológicos. Sería más preciso afirmar que esta pieza teatral está integrada por cinco relatos de mujeres, donde escuchamos y vemos a 1) una mujer violada, mancillada, atropellada con extrema violencia por “un gigante” que ha asesinado a su prometido (Galatea); o, 2) una mujer que es pretendida por innumerables hombres, sabiéndose deseada, los rechaza (Scilla); o, 3) una mujer a la que le han asesinado todos sus hijos y deambula en el encierro con la imagen de la más pequeña entre sus brazos (Niobe); también, 4) aquella mujer sonámbula o muerta en vida que no puede evadir la imagen de sus hijos masacrados por sus propias manos (Lamia); finalmente, 5) la mujer que dominada por una pasión incestuosa (Mirra).

No obstante, ¿cómo atreverse a negar el contenido mitológico de este texto teatral? Para poder captar el sentido o significado inherente al Mito es necesario que consideremos que cualquier narración mítica debe ser observada en el conjunto de la mitología y de la cultura, ya que el mito no se identifica solamente a través de un texto, siempre habremos de encontrar una multiplicidad de textos de un solo mito: los mitologemas. El conjunto de estos mitologemas conformaran la gran unidad constitutiva del mito: el mitema. Y, ¿acaso la obra de teatro no es esencialmente un vehículo de la “tradición oral” (el canal por excelencia en el que los mitos se incrementan, revitalizan, actualizan)?, por lo tanto y sin duda alguna, “Nadie se va… monólogos desde el encierro” en la versión escénica de Velasco, es un mitologema que abona al Mito o a los Mitos de estas ninfas, la visión del mundo moderno sobre la violencia infringida a las mujeres. Porque si algo hace de manera contundente esta pieza teatral es mostrarnos que el Mito no es leyenda, ni literatura fantástica, ni relato ficcional, por el contrario, el Mito es verdad transmilenaria que nos alcanza, al mostrarnos la posibilidad efectiva de que en el mundo exista una Galatea, una Scilla, Niobe, Lamia o Mirra, y no solamente nos horroricemos ante esta posibilidad sino que nos asombremos de lo cerca que pueden estar. ¿No es acaso el propósito principal de la estructura del drama el de encarnar los relatos y hacerlo vivir entre nosotros?

Además del interesante contenido que toca la obra, el formato de la escena es sumamente provocador. Sí efectivamente, no es original, ni nuevo: es esencialmente teatral. Lo que ha hecho Juan Velasco es trazar un espacio para mirar: en un pequeño cuadro que no alcanza más allá de los seis metros cuadrados con dos hileras de sillas, un banco y un foco al centro del espacio escénico, el director ha conseguido instrumentar aquel principio básico postulado por Peter Brook: “Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral” (Brook, 1:1968). Ante la desnudez y el minimalismo del sistema teatral de la puesta todo parece estar recargado sobre el trabajo actoral, al respecto, Velasco explica lo siguiente:

Lo trabajé desde tratar de que sólo se pongan en la situación, sin buscar propiamente “construir” personaje. Les pedí que realizaran ejercicios de imaginación privados -es decir nadie, salvo ellas, sabemos los resultados específicos a los que cada unx llegó- y luego creamos la situación de encierro común. Finalmente traté de acercarnos a un tono cotidiano. Pienso que el texto es suficientemente fuerte y no requiere demasiada “dramaticidad” en su interpretación. (Juan Velasco en entrevista)

_023e7ef641bf51f9d5461480f14166b6,monologos

(Foto de: Héctor Suárez. Fuente: http://www.cambiodemichoacan.com.mx/nota-n28299)

Asunto que se puede corroborar claramente en presencia de la obra -y cabe mencionar que el elenco integrado por actores y actrices en formación y con experiencia es sólido y uniforme en su trabajo-. Existe una parte sumamente intrigante y que tal parece que ocurre “de espaldas al espectador”: las actrices y el actor al ingresar al espacio de la representación, es decir, aquel que circunda el espacio escénico y que contiene a los espectadores también, parecen estar ya en la situación actoral planteada por la obra, deambulan entre el público hasta que ingresan al espacio dramático, es decir, el espacio de la ficción donde a continuación presentarán su relato. Este asunto me pareció interesante porque es el momento que toda obra tiene: el establecimiento de la convención escénica. Ese contrato entre las partes –actores y público- al que deberemos ceñirnos si queremos participar del acontecimiento. En cualquier espectáculo de teatro puedes observarlo, es la manera en cómo se establece un pacto de ficción-realidad que permitirá la comprensión de todo. Acá sucede con la mera presencia física de los actores, estos no han tenido que hacer nada “teatral” o dramático, no han tenido que enunciar nada, ni provocar nada, sólo están presentes.

Inmediatamente pienso en el contenido mitológico otra vez. Los mitos, cual organismos vivos, pasan por diferentes etapas en su desarrollo: la fase inicial o fase de latencia es el período en donde el mito todavía no tiene autor, ni nombre, no se ha fijado en ningún texto, ni se ha sustantivado como una forma peculiar de sentido o significado. La fase de manifestación es cuando el mito ya es “nombrado”, abiertamente denominado hasta alcanzar la excesiva formalización mediante la religión, la filosofía, el arte e inclusive el pensamiento científico; la fase de aprovechamiento de las orillas, en donde el mito –es decir el contenido del mito– se vuelve tan seguro de sí mismo que se olvida de su origen «mítico» y quiere aferrarse a todo costa a una historia positiva […]; el período explosivo es la fase más complicada de comprender en el desarrollo de un mito. Es un largo período de acumulación de fuerza hasta que está lo suficientemente densa, y pausadamente explota con frecuencias sordas. El “período explosivo” precede al período de grandeza relativa del mito, es decir, al período de recepción. Finalmente, debe considerarse que el mito nunca muere. Puede regresar a una fase subterránea y permanecer largo tiempo en latencia; a veces, también puede deformarse al grado de ser irreconocible porque alguno de sus mitologemas. (Durand, 2003:139)  Entonces, si solo tenemos a los actores presentes, tenemos un espacio básicamente vacío, no existe ninguna intención de “dramaticidad” en la expresión o en la enunciación, inclusive, como dice el director, no se pretende construir psicológicamente o simbólicamente un personaje, únicamente “ponernos” en situación (y hablo en plural porque en el pacto firmado entre actores y espectadores ya estamos todos involucrados en la “situación de actuación”), ¿los mitologemas retomados forman parte de una fase de manifestación, fase de aprovechamiento de las orillas o del período de grandeza relativa? Espero que, en consideración a que para poder visibilizar los mitos no se recurrió más que al contenido del mito, estén de acuerdo conmigo que los mitos de estas ninfas están en su periodo de grandeza relativa. Es decir, podemos reconocer que el ethos de su contenido está perfectamente asumido en nuestra cultura, en otras palabras cabe preguntarse, ¿acaso nuestra cultura ha subsumido y normalizado cierta violencia inherente frente a la condición femenina?  La sola posibilidad de esta pregunta me aterra. Pero la posibilidad de pensarla y contradecirla a partir de la provocación de la obra me fascina. Y es en este punto en que creo radica la importancia del montaje de Velasco y su elenco, quien además está acompañado de la composición musical original de Jesús Suárez, que ha creado una atmósfera sonora que dialoga con los relatos míticos y su presentación escénica, acompañando con sonidos metálicos, voces humanas, sonidos musicales estridentes la imagen atemporal y solemne que la puesta propone.

Para finalizar quiero compartirles información sobre el encuentro con el texto del grupo y la trayectoria del director. Los que conocemos la infranqueable labor teatral de la Asociación Teatral Contrapeso sabemos que este grupo ha permanecido vigente gracias a la incansable batalla de Roberto Briceño, José Ramón Segurajáuregui y Juan Velasco. Yo reconocía “Nadie sa va… Monólogos desde el encierro” como la primera dirección este último, pero él precisa lo siguiente:

En sentido muy estricto, no. He realizado labor de dirección en trabajos de fin de curso en las escuelas en que he trabajado y de codirección en el grupo. Desde Contrapeso y asumiendo toda la dirección, sí, sería mi primer trabajo. (Juan Velasco en entrevista)

Al preguntarle cómo llegó al texto nos comparte que:

En el 2009 o 2010 (no lo recuerdo bien) me invitaron a participar en una mesa de presentación de textos del Fondo Editorial Tierra Adentro. Uno de cuentos, uno de poesía y uno de teatro. A mí me tocó el de teatro con la presencia de la autora. El libro se llama “Nadie se va a reír”. Se compone de una serie de diálogos cortos de un humor ácido, “los Monólogos desde el encierro” y lo que la autora llama una fabuleta inspirada en Kafka. Desde el principio me gustó el tono de la autora y me atrajo el reto de trabajar los monólogos. Ahora se pudo a raíz de una lectura en atril que se realizó para un evento académico. (Ídem.)

_e0ff672beff84de91391fcaf2f68b132,monologos1(Foto de: Héctor Suárez. Fuente: http://www.cambiodemichoacan.com.mx/nota-n28299)

Finalmente, quiero invitarles a que acudan a esta interesante obra que estará en temporada los,

Lunes y miércoles a las 20:30 hrs.

Hasta el 30 de agosto en

Foro Eco que está ubicado en Nicolás Bravo, 430, colonia Centro

En la ciudad de Morelia.

 

El equipo completo está integrado por:

Reparto:

Bryce Ixche: Galatea

Xosé Fabían/Rodrigo Béjar: Scilla

Itzel E. Ponce (Azul): Niobe

Sheyla A. Rodríguez/Tania G. Sánchez: Lamia

Brenda Tinoco: Mirra

 

Equipo creativo:

Dramaturgia:

Lucía Leonor Enríquez

Dirección escénica:

Juan Velasco

Iluminación y sonido:

Jesús Suárez Marín

Mayores informes de la temporada en:

 

Evento de la temporada de “Nadie se va… Monólogos desde el encierro”.

 

 

 

Anuncios

One comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s