Moribito, El guardián del Espíritu

Ya va a pasar una semana de que fui a ver Moribito, el guardián del espíritu, que cuenta con las actuaciones de Aurelia Cerriteño, Esteban Vargas, Atzumey León, Jesús Simón Méndez, Luis Ángel Carvayar Pérez y Julieta Vázquez Camacho, adaptada y dirigida por Julieta Vázquez Camacho, en el marco del programa Escenario Abierto de la novísima Secretaría de Cultura de Morelia. Por la tardanza, me disculpo.

La obra es pensada como un ejercicio multidisciplinario donde las artes circenses, el teatro, la danza y las artes marciales tuviesen una función equitativa para poder narrar una historia sencilla y amable: Basada en la novela de Nahoko Uehashi, la historia nos la resumen en su página de FB como

Ante la falta de agua que afecta gravemente a la ciudad de Osaka, Japón, el joven príncipe Hiroshi es pronosticado con un maligno ser que traerá la sequía. Tras sufrir el rechazo de su padre y encontrarse amenazado huye del palacio y es rescatado por la guerrera Akane y la Chaman Kuma quienes lo cuidan y protegen volviéndose su nueva familia. En su aventura, y fuertes deseos de vivir descubre que lo que alberga en su interior es el espíritu sagrado del agua, Hiroshi deberá conocerse así mismo a través del “Ikigai”, la razón de ser para devolver el vital liquido a su pueblo. Una historia donde la tradición y el folklore del Japón se unen para hablarnos sobre la fortaleza espiritual, la bondad, la amistad, el amor, la templanza y el respeto hacia lo sagrado de la naturaleza.

Lo primero que hay que señalar es que, por el formato elegido por Vázquez, la dramaturgia se siente apresurada; el reto atrevido de reorganizar un shōnen como Moribito para la escena, obliga a simplificar en escenas muy concretas las funciones de los diferentes personajes, sin concentrarnos en alguno para atenernos a la trama concreta. Esto hace que la historia se trace muy ligeramente, incluso acelerada: A partir de que Kuma se despide del grupo, la historia avanza sin frenos, la despedida entre Hiroshi y Akane sucede casi fuera de escena y la confrontación final nos encuentra distraídos tratando de atar cabos, que para cuando la obra termina, uno recién comprende que estábamos en una escena importante.

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Fotografía de Said Soberanes

Organizada escénicamente como una narrativa intercalada con una exhibición circense y de artes marciales, el ritmo de la historia sufre constantemente el tránsito entre ambos momentos, a veces consiguiendo una profunda atención y en otros generando acciones conjuntas que distraían de la historia o de la exhibición.

La premura que vemos en la narración, también se percibe en la exhibición, donde sólo se nos regala unos pequeños trazos de espectáculo de artes marciales y circenses, los que por intentar resultar eficientes para la escena, han perdido los detalles contemplativos de ese tipo de exhibiciones. En lo personal, me quedé con ganas de poder experimentar más de las capacidades de los diferentes artistas, aunque comprendo que la historia se vería visiblemente afectada, aún más, si las exhibiciones marciales hubiesen tenido mayor prioridad.

Hay una escena cercana al final, donde me parece que esta división (Narrativa/exhibición) se desdibuja permitiéndonos ver las hermosas capacidades de recuperar estrategias escénicas como el teatro negro japonés: Hiroshi se conecta con el espíritu del agua que existe en su interior y un orbe surge de sí, las habilidades de malabar contact que tiene Luis Ángel operan aquí para generar una ambientación mágica, que nos permiten comprender la fuerza de la unión entre Hiroshi y el espíritu del agua. Un gran acierto.

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Fotografía de Said Soberanes

El diseño musical me parece inadecuado dado que sólo funciona como una herramienta circunstancial, que recuerda mucho a la música utilizada en el animé que también se basa en esta novela, pero que no aporta a la escena de manera visible. En la ya citada última escena, incluso confunde.

Las actuaciones logran mantener la atención de los espectadores, que a pesar de estos señalamientos, acompañaron la obra hasta el final; del mismo modo, los actores y actrices cumplen con su papel de contextualizar el espacio en el que nos encontramos sin recurrir al uso de escenografía; sin embargo, hay momentos donde el tono de las actuaciones carecen de unidad.

La recuperación, por parte de la dirección, de la estrategia de escenificar con algunos detalles de utilería y con los textos de los personajes, responde al interés de multiplicar las posibilidades de adecuación de la obra a cualquier espacio que se le asigne, expandiendo así su zona de convivio.

Moribito, en tanto que realización escénica, alza preguntas tanto de los contenidos narrativos, como de los formatos que aún asumimos como ‘Teatro’; en la estrategia de convivio señalada arriba, podemos reconocer la intención de sacar el escenario de la catedral inaccesible que es el Teatro actualmente.

El animé y el manga (Como signos icónicos de la narrativa japonesa) son dos fuentes creativas que están repletas de historias y anécdotas que ponen siempre en riesgo el acuerdo ficcional, Julieta Vázquez apuesta en este trabajo que el teatro puede abrevar de estas fuentes, así como de las herramientas escénicas de la misma región; este primer experimento, no exento de errores, vale la pena ser vivido.

Escenario Abierto seguirá teniendo presentaciones los días domingo en distintas plazas públicas del municipio de Morelia, sin embargo, no he encontrado ninguna cartelera que nos informe sobre ello.

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