Memorias domésticas de Marquitos Lambert

El día viernes, la obra Memorias domésticas de Marquitos Lambert, de la compañía la Sombra Rinconera y Espacio Vacío, con actuación, dirección, dramaturgia y diseño de títeres de Flaviana Moreno, y producción de Gunnary Prado, terminó su pequeña temporada en el Foro ECO. Preparándose para asistir al IX ENTEPOLA Encuentro de teatro popular latinomericano, en Argentina.

La obra nos relata de una forma sumamente original la historia de Flavis, una niña que va acumulando objetos de la calle para encontrar un patrón, y su oso de peluche, Chayanne, que conocen en la casa embrujada y abandonada frente a la suya a un pequeño niño que no recuerda ni reconoce quién es ni qué hace en esa casa; la niña lo nombra Marquitos Lambert como un presentador de radio que habla de la memoria y el cambio.

Los padres de la niña preocupados por sus actitudes y porque habla sola en la casa abandonada, discuten ¿cómo enseñarle a distinguir la realidad? Flavis soñará esto como una voz que le exige ponerse las botas que le mantendrán en tierra, ella las ve como una cubeta y no entiende ¿cómo mantenerse en la tierra con algo que nunca ha estado ahí?

Con la ayuda de Flavis, Marquitos recordará quien es, entrando en sí mismo (Literalmente veremos entrar un títere dentro de una réplica de gran tamaño de sí). Su amistad con Flavis se ve comprometida por el recuerdo de su pasado.

Flavis, al ver como su amigo ya no es el mismo, trata de llevar hacia atrás el tiempo, por lo que le pregunta al Marcos Lambert original, el presentador de radio, ¿cómo puede sacar de sí mismo a alguien? ¿Cómo evitar el paso del tiempo? A lo que el presentador le responde insistentemente cada vez más enojado que es imposible, que el tiempo tiene que seguir. Ante el llanto de la niña, Marcos le ofrece poner una canción. Suena Tiempo de Vals de Chayanne.

El final de la obra nos entrega el método con el que una niña asume y reconoce eso que le asusta desde que tiene memoria: ¿Cómo aceptar el cambio?

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En nuestra lógica estética teatral moreliana, el acontecimiento es la herramienta del mensaje, es el acaecer el que nos sirve para desplegar una reflexión acerca de nuestro presente. Instrumentalización de la presencia en beneficio de una reflexión que antecede al aparecer. En nuestra ontología estética teatral moreliana, el acontecimiento es posterior a la voluntad, por lo que la voluntad define el acontecimiento.

Por este motivo, la estructura dramática que despliega Flaviana Moreno en su montaje resulta de principio extraña, desubicada, imprecisa. Con una trama clara – Una niña fantasiosa, nombrada como la misma artista, que tiene que aceptar el cambio, el inexorable paso del tiempo, el principio de realidad -, Moreno decide invertir la metáfora arquitectónica que Bentley asume para la puesta en escena: Si Bentley define a la trama como el edificio en el que “la vida” se organiza como teatro, y las acciones son los tabiques que dan forma a esa estructura; Moreno decide priorizar los modos concretos en que las acciones acontecen.

Jugando con 3 niveles narrativos – La narradora, la dimensión realidad/imaginación de la niña y la dimensión “real” de los padres -, en temporalidades discordes que incluyen y distancian vertiginosamente al espectador, Moreno consigue priorizar los modos de aparición antes que los hechos narrados. Siendo la carta más fuerte de este montaje esta indivisible dupla entre dramaturgia y dirección.

No puedo ser tan prolijo con los tonos de la actuación que están disparados en momentos y que la dicción de la actriz es un problema constante en la obra, esto enrarece de una nueva forma una obra que ya experimenta con su dramaturgia y a ratos genera un tempo sumamente ralentizado.

El final de la obra resume de manera contundente los rasgos más importantes de esta puesta en escena: Una acción que parece incomprensible y alarmante pero que responde con ingenio a la escena anterior y da la pauta para entender el sentido de toda la obra, lleno de frases que en su inocencia logran que hechos cotidianos se develen con una complejidad renovada.

Por más que haya gente que al ver este tipo de teatro se vaya a sentir enrarecido y distanciado, incluso asustado, el trabajo de Flaviana es de una gran dulzura y nos invita a construir un espacio donde tratemos de evadirnos juntxs de la prisión del Yo, donde cada repetición sea un recomenzar, donde hacer lo mismo es volver a empezar, como el tiempo de vals.

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